¿Una realidad o varias?

Visiones del mundo desde el cine con ambiente ferroviario

Dos de las películas presentadas en esta recopilación sobre el cine y el ferrocarril, ofrecen una perspectiva diversa sobre una misma realidad. Se trata de Europa de Lars von Trier y de Berlín Express de Jacques Tourneur.

Ambas películas analizan, sirviéndose de una trama político-policíaca, la situación de Alemania inmediatamente tras la Segunda Guerra Mundial. Ambas películas utilizan también el ferrocarril como eje de la trama, con mayor o menor importancia dentro de la película, mostrando claramente la importancia de este medio de transporte en la Europa del siglo XX.

Berlin Express de Jacques Tourneur es una película de 1948, en la inmediata posguerra. Es el momento en el que hay que tomar decisiones sobre qué se hace con Alemania; se propone la creación de un estado alemán, moderno y democrático. Como trasfondo, una Alemania destruida, arrasada por los bombardeos, empobrecida, sin economía ni tejido social, y ocupada por las cuatro potencias vencedoras. El enemigo todavía es el nazi, pero ya se perciben las tensiones ocasionadas por las malas relaciones entre las grandes potencias. Es un anticipo de la guerra fría. Sin embargo, la visión final es optimista, y hay una propuesta clara de resolución de problemas a través del diálogo y la cooperación entre los pueblos. Es la base de la resolución de la trama planteada en el guion.

Europa de Lars von Trier, por el contrario, es una película actual, de 1991. El orden comunista se ha venido abajo, y no aparece el enemigo soviético por ninguna parte. El trasfono es casi el mismo. La acción transcurre en la segunda mitad de 1945, y nuevamente aparece el fascismo nazi como el enemigo a batir. Sin embargo, la tesis de Lars von Trier no tiene que ver con la de la película anterior. En esta ocasión, se trata de advertir al mundo de la persistencia de los totalitarismos, de la idea nacionalista extrema, del fascismo, aun en la derrota. El propio título de la película, haciendo alusión al continente entero, es claramente un signo de la vocación universal del mensaje de la obra. Está aludiendo al peligro de una Europa bajo un ideario totalitario y fascista, mediante la vuelta al pasado, para muchos superado.

Como vemos, un mismo decorado social y político, articulado en torno al ferrocarril, sirve para dar dos visiones distintas de una realidad y del pensamiento político, afortunadamente alejado del pensamiento único. También sirve para resaltar la grandeza del cine, que yendo más allá del mero entretenimiento, es un espejo de la realidad social, así como un vehículo de la transmisión de ideas y, espero, de la libertad.

Carlos Carreter

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