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Pánico en el Transiberiano (1972)

Horror Express

Llego hasta este filme al hacer un barrido por la programación de cine a través del satélite. Cuando lo programo, ni siquiera soy consciente de en qué canal lo hechan. Sólo me fijo en su temática ferroviaria, para mi colección del ferrocarril en la historia del cine. La sorpresa me la llevo cuando comienzo a verla. Un producto anglo-español que se emite por el canal dedicado al cine patrio, que mezcla un reparto de cierto empaque internacional con alguna figura nacional. Todo ello dirigido por el español Eugenio Martín.

El trío protagonista, pasando “mucho miedo”; especialmente la starlette española, una joven Silvia Tortosa.

Argumento

Estamos en 1908. Un científico, el doctor Saxton (Christopher Lee), encuentra en la estepa de Manchuria una antiguo “fósil” de un homínido que se lleva para someterlo a estudio en Inglaterra. Para ello, tomará el Transiberiano en Pekín, donde se encontrará con otro científico, el doctor Wells (Peter Cushing), también británico de vuelta a Europa, con una condesa polaca, Irina Petrovski (Silvia Tortosa), que viaja entre otros con un extraños monje “tipo rasputín”, el padre Pujardov (Alberto de Mendoza),… y bueno ya puestos a mezclar, un extraño señor de la guerra cosaco, el capitán Kazan (Telly Savalas), abordará el tren en un momento dado. Porque bueno, a todo esto, misteriosas muertes han empezado a producirse, relacionadas aparentemente con la caja que transporta el misterioso fósil.

Silvia Tortosa, la guapa del tinglado, en un lujoso coche particular en plan condesa polaca.

Interés ferroviario

Claro está, si vamos montados en un tren toda la película, el interés ferroviario es evidente. Pero que nadie se ilusione con una reproducción de los vehículos y los paisajes del Transiberiano a principios del siglo XX. La película está rodada en España y los que sale son trenes españoles. Básicamente, tenemos unas escenas iniciales, en lo que se supone que es la estación de Pekín, pero que con toda probabilidad se trata de la estación madrileña de Príncipe Pío, en su estado a principios de los setenta. Vemos un tren tirado por una locomotora de vapor que mientras la visualicé me entraron dudas de si se trataba una 141 “Mikado” o una 240 “Mastodonte”. En estos momentos, me inclino tras haber extraído algunos fotogramas, por la 141. Un modelo realmente muy frecuente y abundante al final del vapor en España. El resto del tren son coches y furgones de madera, cuyo origen no puedo precisar. Más adelante durante la película, encontramos algunas otras escenas que creo mezclan trenes reales con maquetas. Y ahí, no puedo descartar que algunas de las locomotoras que se ven no sean del tipo 240.

Una 141 “Mikado” obligada a pasar por una locomotora rusa, en lo que creo que es la estación de Príncipe Pío en Madrid, travestida como estación pekinesa.

Interés cinematográfico

Leo con sorpresa que la película alcanzó cierto estatus en los años ochenta entre los aficionados al cine de horror, por su frecuente emisión televisiva. Aunque fechada en 1972, la fecha de estreno en España data de 1975. Desconozco el motivo del retraso. Lo cierto es que la película, a pesar de lo llamativo del reparto, es cutre-casposa con ganas. Sin ningún rigor histórico, ferroviario o científico, con abundancia de anacronismos en todas las áreas, y con un montón de tópicos ridículos, se conforma como una película de bajo presupuesto y sin mayor interés en estos momentos. Salvo el que me ha atraído a mí, el tema ferroviario.

Por supuesto, siempre te puedes acerar a estas películas con ganas de echar unas risas. El ridículo monje a lo “rasputín”, los no menos ridículos cosacos, la estúpida cháchara seudocientífica, la Silvia Tortosa en plan condesa polaca, la repetición de las mismas escenas cuando sacan el tren en vistas exteriores una y otra vez… Todo lleva a un cachondeo absoluto, impidiendo que nadie con dos dedos de frente se pueda tomar en serio este producto.

Uno de los personajes más delirantes es el monje misterioso que acompaña a la condesa polaca, a modo de “rasputín” de segunda clase.

Así pues sin duda una película que hay que evitar salvo casos como el mío que se acerca por el interés temático, aunque sólo es soportable por su corta duración. Le otorgo 1 estrella: *.

Eso sí, quiero aprovechar este espacio para criticar que un canal dedicado a la promoción del cine español se dedique a este tipo de película que lo único que hacen es desprestigiarlo.

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El vagón de la muerte (2008)

The Midnight Meat Train

Seamos claros. Esta película la he visto porque según la sinopsis ofrecida por la guía de programación de la televisión por satélite, ofrecía posibilidades tanto para el listado de películas relacionadas con la fotografía como con el ferrocarril. Pero si no, normalmente no la hubiese programado para grabarla y verla posteriormente. Es el segundo error similar que cometo en pocas semanas.

Dirigida por Ryûhei Kitamura y protagonizada, por… la verdad es que no importa, si alguien tiene curiosidad que mire la ficha en IMDb. El título original es más expresivo de lo que nos podemos encontrar; el tren de la carne de medianoche. Un fotógrafo que tiene una novia que está muy buena, con el fin de mejorar su nivel artístico y a sugerencia de una galerista muy pija, sale por las noches a tomar imágenes con “fuerza expresiva”. Y en estas que empieza a descubrir una serie de muertes, y empieza a sospechar de un individuo, un matarife, que todas las noches coge el metro a una determinada hora. A partir de ahí, mucha casquería y sangre.

Subproducto del género de terror, con su punto de gore al que, como ya he dicho, no hubiese prestado atención, salvo por su relación tanto con la fotografía como con los ferrocarriles. Desde el punto de vista de la fotografía, llama la atención que un fotógrafo de nuestra época vaya tomando fotos con una Leica M4-P, un modelo de cámara que tiene ya 30 años, y que en su momento fue una actualización de un modelo de finales de los 60s. Muy interesante, pero improbable. Supongo que es lo que la producción del filme encontró más a mano y que fuese Leica. Desde el punto de vista ferroviario, mucho metro de tipo estadounidense, mucho más mono y reluciente de lo que habitualmente son los metros de ese país, y especialmente en las grandes ciudades. A propósito, se trata del metro de Los Ángeles.

Una película que sólo satisfará a los fanaticos del género, a la que sólo doy 1 estrella (*). Y porque estoy de buen humor. Sorprendentemente, parece que por ahí tuvo críticas relativamente buenas. Cosas que pasan.

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