Archivo de la categoría: Drama de época

Días del cielo (1978)

Days of Heaven

Película que veo en la sesión organizada por una asociación sociocultural de Zaragoza en el salón de actos de un centro de educación de adultos. La proyección forma parte de un ciclo dedicado a los directores de fotografía, y la película de Terrence Malick es elegida, además de por sus indudables virtudes cinematográficas, por que meritoriamente consiguió un óscar a la mejor dirección de fotografía, que fue a parar al español exiliado Néstor Almendros. Pero además de eso, la película presenta un indudable interés ferroviario, por lo que es añadido a mi colección sobre el ferrocarril en la historia del cine.

Comenzaremos nuestra historia en las regiones industriales del norte de los Estados Unidos, donde no faltan motivos ferroviarios entre las grandes industrias metalúrgicas.

Comenzaremos nuestra historia en las regiones industriales del norte de los Estados Unidos, donde no faltan motivos ferroviarios entre las grandes industrias metalúrgicas.

Pero pronto nos trasladaremos con un tren de obras hacia las praderas tejanas.

Pero pronto nos trasladaremos con un tren de obras hacia las praderas tejanas.

Argumento

Estamos en la segunda década del siglo XX, en 191… lo que sea.  Bill (Richard Gere) se ve obligado a dejar su trabajo en una industria, y con su novia Abby (Brooke Adams) y su hermana Linda (Linda Manz), se trasladan a las plantaciones de cereales de Tejas, donde serán contratados para la temporada de la cosecha. BillAbby se harán pasar por hermanos para evitar problemas. El terrateniente (Sam Shepard) se fijará en la chica, y ambos amantes, en la creencia de que el granjero está gravemente enfermo y morirá pronto, deciden dejar que corteje a Abby y al final se case con ella. Pero la estrategia mostrará debilidades que complicarán la historia.

No hay lujos para los trabajadores, jornaleros, de principios del siglo XX. Viajan sobre el tejado de los vagones ferroviarios.

No hay lujos para los trabajadores, jornaleros, de principios del siglo XX. Viajan sobre el tejado de los vagones ferroviarios.

Aunque a los dos amantes protagonistas de la película no parece importarles. Son felices cuando están juntos.

Aunque a los dos amantes protagonistas de la película no parece importarles. Son felices cuando están juntos.

Interés ferroviario

Las enormes extensiones de los Estados Unidos hicieron que el ferrocarril fuera un elemento fundamental para el desarrollo del país. Tanto para acercar y distribuir a las gentes por todo el territorio como para evacuar las materias primas y las mercancías hacia los centros de consumo y hacia los puertos para la exportación. Veremos por lo tanto llegar a los jornaleros subidos a los vagones de un tren de obra. Veremos los silos de grano junto a la vía para cargar los trenes con el cereal. Veremos incluso un tren presidencial, utilizado por Woodrow Wilson para recorrer el país. Veremos también hacia el final de la película a los soldados norteamericanos montar en los trenes que se dirigen a los puertos donde embarcaron para la guerra en Europa.

Todo esto está muy bien salvo,… que la película se rodó en Canadá, en la provincia de Alberta. Bien es cierto que el papel que desarrollaron los ferrocarriles para el avance de la sociedad canadiense fue similar. Pero incluso los vagones de los trenes que vemos, se ven en ocasiones señalados con la siglas CPCanadian Pacific. Cuestión menor, ya que la verosimilitud de la película no se ve afectada en líneas generales por este hecho.

El tren de obras, por supuesto con tracción de vapor, incluye una poderosa grúa para los trabajos pesados.

El tren de obras, por supuesto con tracción de vapor, incluye una poderosa grúa para los trabajos pesados.

El último tramo, desde la línea ferroviaria a la hacienda, lo harán los jornaleros caminando o en carretas.

El último tramo, desde la línea ferroviaria a la hacienda, lo harán los jornaleros caminando o en carretas.

Interés cinematográfico

Aunque celebrada por la crítica, apenas tuvo éxito comercial en su momento. Las películas de Malick no son de fácil digestión. Con frecuencia están llenas de metáforas, de simbolismos que no siempre son evidentes. Tienen siempre un tono poético independientemente de la trama argumental. A pesar de que parece un drama romántico, con el típico triángulo amoroso, lo cierto es que la película tiene mucho de reflexión moral. Las diferencias sociales y económicas de la muy liberal Norteamérica de principios de siglo XX, la pobreza mezclada con el deseo de libertad, provocan decisiones éticas difíciles de juzgar desde otros puntos de vista. Pero no desdeñemos la parte romántica de la película. Los sentimientos confusos y los celos van a condicionar el desarrollo de la trama.

Evidentemente, uno de los grandes atributos de la película es la fotografía de Almendros. Formado con prestigiosos directores de la nouvelle vague, partidario acérrimo de la luz natural, de la fotografía sin artificios, la iluminación de la película, influenciada por el estudio de grandes pintores de todas las épocas es de un virtuosismo que ya por sí misma justifica la visualización del filme.

Desde luego, no hace falta decir que le pongo una nota alta, le pongo 4 estrellas: **** (aunque tendiendo a cinco, quizá la interpretación me parece que no está del todo a la altura del resto del filme).

Los protagonistas salen a la línea ferroviaria para asistir al paso del tren presidencial, con Woodrow Wilson recorriendo el país.

Los protagonistas salen a la línea ferroviaria para asistir al paso del tren presidencial, con Woodrow Wilson recorriendo el país.

Una plaga de langosta, magníficamente filmada, marcará el punto crítico para el desenlace del filme, en el que se deshará el triángulo amoroso, triángulo rectángulo ya que afecta a los amores de dos catetos hacia una única hipotenusa.

Una plaga de langosta, magníficamente filmada, marcará el punto crítico para el desenlace del filme, en el que se deshará el triángulo amoroso, triángulo rectángulo ya que afecta a los amores de dos catetos hacia una única hipotenusa.

El final de la película también tiene un sabor ferroviario, con la joven Linda caminando con una amiga por las vías alejándose hacia un futuro indefinido y, probablemente, imperfecto.

El final de la película también tiene un sabor ferroviario, con la joven Linda caminando con una amiga por las vías alejándose hacia un futuro indefinido y, probablemente, imperfecto.

La última estación (2009)

The Last Station, 2009

Si alguien iba a rodar una película sobre los últimos días del escritor ruso León Tolstói, es inevitable que esta película forme parte de esta colección sobre el ferrocarril en el mundo del cine. Al fin y al cabo, el autor de Anna Karenina, cuyas películas también fueron necesariamente reseñadas en esta colección, murió en la estación de tren de Astápovo, actualmente denominada Lev Tolstoi.

La película, dirigida por Michael Hoffman, está basada en el libro del mismo título del escritor Jay Parini, y es una novelización de los acontecimientos que sucedieron en las últimas semanas de vida del escritor. En el momento en que comienza la película encontramos a Valentin Bulgakov (James McAvoy), un joven idealista seguidor de las enseñanzas filosóficas del maestro, que es contratado por Vladimir Chertkov (Paul Giamatti), lider de los tolstoianos, como secretario y asistente personal de Tolstói (Christopher Plummer). Se trasladará pues el joven Valentin Yásnaya Poliana, lugar de la casa solariega del escritor. Y allí se verá involucrado en dos tremendos conflictos. El primero será la guerra abierta por el testamento del escrito entre parte de la familia del mismo, liderada por su mujer Sophia (Helen Mirren), frente a los tolstoianos liderados por Chertkov. El premio gordo del testamento son los derechos sobre la obra de Tolstói. El segundo conflicto es su enamoramiento de Masha (Kerry Condon), una de las tolstoianas de la comuna, pero al mismo tiempo un espíritu libre y abierto, poco dado a someterse a ningún dogma. Y así asistiremos a la resolución de ambos conflictos coincidiendo con el fallecimiento del escritor en Astápovo.

El filme no entra a profundizar en las motivaciones profundas ligadas a la filosofía del maestro. Básicamente, lo que se produce es un enfrentamiento entre la mujer, profundamente enamorada pero práctica, y los intereses de quienes se creen y dicen ser sus sucesores en el espíritu y en la acción de las ideas del escritor. Descaradamente, la acción se manipula para convertirse en una película romántica, y por lo tanto declarando como heroína al personaje de Sophia. Esto viene unido al hecho de que la principal virtud del largometraje son las sólidas interpretaciones de sus actores y actrices, entre las cuales destaca sobremanera, adueñándose de la pantalla cada vez que aparece en ella, la británica Mirren.

Ferroviariamente hablando, la inclusión de la película entre las de esta temática está plenamente justificado. El ferrocarril es el medio de transporte fundamental en 1910 para cubrir las inmensas distancias de la Rusia imperial. En un momento dado, el maestro huye del ambiente de Yásnaya Poliana en un tren del que se verá

obligado a bajar en la estación de Astápovo como consecuencia de la fiebre y el agotamiento que le producen una neumonía que resultará fatal. Y en el apartamento del jefe de estación, con las vías y los andenes de la misma ocupados por la prensa, con la llegada del tren privado de la condesa para intentar ver a su marido, y con ese mismo tren transportando el ataúd con los restos del escritor como último plano del filme, transcurre el último filme de este largometraje.

Aunque lo he incluido en la colección del ferrocarril en la historia del cine, también podría haber encontrado justificación para incluirlo en la colección de películas relacionadas con el mundo de la fotografía. Aunque más por los pelos. Durante el filme comprobamos cómo el escritor se encuentra permanentemente rodeado de fotógrafos y camarógrafos que inmortalizan sus idas y venidas, así como las de quienes se relacionan con él. Y también hay una curiosa dinámica respecto a unos retratos que son colgados y descolgados repetidas veces de las paredes del despacho del escritor. Como curiosidad, el primer retrato fotográfico en color conocido realizado en Rusia es un retrato de Tolstói en Yásnaya Poliana, tomado por Sergéy Prokudin-Gorsky, y que reproducimos tomado de Wikimedia Commons.

Para finalizar, decir que es una película razonablemente recomendable, especialmente para quien guste de buenas interpretaciones.

Para cualquier comentario mándame un mensaje.

Las horas (2002)

The Hours, 2002

En esta ocasión no estamos ante una película eminentemente ferroviaria; ni mucho menos. Se trata de la adaptación de la novela del mismo tipo de Michael Cunningham, realizada por Stephen Daldry, y excelentemente protagonizada por Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman, contando con la excelente participación de algunos secundarios de lujo como Ed Harris, Miranda Richardson, Claire Danes, entre otros.

El interés ferroviario lo encontramos en una de las escenas clave de la película, que sirve de punto de inflexión a la misma. En ella, Virginia Wolf (Nicole Kidman) y su marido Leonard Wolf (Stephen Dillane) se encuentran en una coqueta estación de un pueblo en las cercanías de Londres, ambientado con diverso material rodante, e incluso ilustrado con la llegada de un tren de vapor de aspecto excelente. La estación en sí misma es muy coqueta, con relojes y carteles de intenso sabor ferroviario.

Puede que una única escena no motive al amante de los ferrocarriles. Pero la película en sí misma vale la pena.

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Doctor Zhivago (1965)

Doctor Zhivago, 1965

Dirigida por: David Lean

Guion por: Robert Bolt, basado en la novela de Boris Pasternak.

La película implica la presencia constante en pantalla de un joven Omar Sharif, en su papel de médico y poeta, idealista, que se ve atrapado por profundas y contrapuestas dicotomías. En lo social y lo político contrasta su horror ante las represiones zaristas con su igualmente horrorizada visión de la Rusia soviética. En lo personal, se ve atrapado entre su esposa, una discreta pero aceptable Geraldine Chaplin, y la que acabará siendo su amante, una mujer de vida turbulenta, Lara, intepretada por quien creo que merece la mayor parte del interpretativo de la película, la británica, guapa y elegante Julie Christie. Quizá demasiado guapa y elegante para el papel que hace. La película está salpicada de interpretaciones estupendas de los secundarios de lujo que pueden ser Rod Steiger, Alec Guiness o Tom Courtenay.

Particularmente, el estilo de cine grandioso que Lean hace en esta época (recordemos “Lawrence de Arabia” o “El puente sobre el río Kwai”, o la más tardía y enjundiosa “La hija de Ryan”), no es excesivamente de mi gusto. Me resulta frío. Más que correctamente realizado en lo formal, consigue que las tres horas de metraje sean llevaderas. Pero a mí no consigue arrancarme la emoción que se le supone a la historia.

Ferroviariamente, era inevitable que hiciese una revisión de la misma dada la abundancia de escenas ferroviarias, con maravillosas locomotoras de vapor y abarrotadas estaciónes… muchas de las cuales se rodaron en España, en la provincia de Soria. Bien es cierto que los vehículos que salen son anacrónica respecto a la época y el lugar donde la acción se desarrolla. Pero bueno… se disfrutan. Ver una vaporosa a todo vapor por una llanura helada está muy bien.

Si tienes algún comentario que hacer, no dudes en mandarme un mensaje.

Anna Karenina

Un clásico de la literatura varias veces llevado al cine

Adaptar al cine un clásico de la literatura siempre es un riesgo. Si además este clásico es de León Tolstoi, todavía lo es más. No contentos con esto, se quiere afrontar un tema como el de Anna Karenina, la contraposición que nos ofrece el literato ruso entre la vida sencilla del terrateniente campesino frente a la nobleza cosmopolita de las grandes ciudades, y la tarea se vuelve titánica. No obstante, el cine y la televisión lo han intentado en no menos de 26 ocasiones, como lo podemos comprobar en la Internet Movie Database.

Sin embargo, pocas veces se ha interesado la cámara por las inquietudes del bueno de Levin. El motivo principal de las adaptaciones cinematográficas deAnna Karenina ha sido siempre los amores prohibidos entre Anna y el príncipe Vronsky.

El referente por excelencia del personaje siempre será la divina, Greta Garbo. En dos ocasiones representó este papel en la gran pantalla. En la primera ocasión, en 1927 en una película muda. Con John Gilbert en el papel de Vronsky, la película se tituló Love, lo que da una idea del objetivo de sus realizadores y productores. Se llegaron a filmar dos finales, el original Tolstoi, y un final feliz para no contrariar a los espectadores. Posteriormente, y con el sonoro dominando el mundo cinematográfico, en 1935 rodó la versión que se considera como la referencia para las demás. En ella encontramos a Frederic March como Vronsky, Basil Rathbone como Karenin o Maureen O’Sullivan (la tradicional Sra. de Tarzán) como la modosita Kitty.

En fechas más recientes, en 1997, hemos podido ver una nueva versión, realizada para mayor gloria de la belleza de la actriz francesa Sophie Marceau. Con Sean Bean en el papel de Vronsky, la película es un derroche de medios, pero resulta fría y un tanto pretenciosa. En general, fallida.

¿Y el ferrocarril?, ¿qué pinta en todo esto?. Todo.

En pleno siglo XIX, y con Europa convulsionada por la revolución industrial, el ferrocarril es el elemento que permite a los protagonistas de esta historia los “rápidos” desplazamientos entre Moscú, San Petersburgo y la campiña rusa que exige la acción

Pero no queda ahí todo. Tres momentos claves de la historia tiene que ver con el ferrocarril:

El momento en que un obrero del ferrocarril es atrapado entre dos vagones, escena observada por Anna, no siempre trasladado a la pantalla.

El reencuentro entre Anna y Vronsky en la “parada y fonda” del tren camino de San Petersburgo y en la que el príncipe declara su amor a la bella aristócrata.

El final de la historia… que no desvelaremos por si alguien quiere mantener el misterio.