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La bestia humana (1938)

La bête humaine

Si alguna película tenía que entrar en algún momento en mi listado de filmes sobre el ferrocarril en la historia del cine, sin duda alguna tenía que ser esta de Jean Renoir. Adaptación de la novela del mismo título de Émile Zola, perteneciente a su larga saga de novelas sobre los Rougon-Macquart, aunque trasladado el ambiente a la Francia de los años treinta del siglo XX en lugar de la de finales del XIX, toda la acción sucede alrededor del ferrocarril y entre personas que trabajan por y para el ferrocarril. Si apasionante es por la variedad de pasiones humanas que desarrolla, apasionante será también para el aficionado al ferrocarril, por su espléndido retrato de la vida de los «cheminots» galos en los periodos previos a la segunda guerra mundial. Así como por varios hechos de trascendencia en la historia de los ferrocarriles franceses.

Fotograma de la secuencia inicial en la que vemos el cruce entre dos trenes con la cámara situándose en la posición subjetiva del maquinista. Esta es la imagen que tenían estos trabajadores cuando miraban la vía, pero con la carbonilla de la caldera acumulándose en las gafas protectoras. Un duro trabajo.

Sinopsis

La historia nos habla de los turbulentos amores de Jacques Lantier (Jean Gabin) y Séverine Roubaud (Simone Simon) en la Francia de los años 30 del siglo pasado.

Lantier es el maquinista de La Lison, una locomotora para trenes de pasajeros rápidos que hace el trayecto entre Paris-Saint Lazare y Le Havre. Es un trabajador dedicado y respetado por sus compañeros, pero carga sobre sus hombros la carga hereditaria de una familia de locura y violencia, y en algunas ocasiones ha agredido a mujeres con instintos homicidas, como le sucede con su prima Flore (Blanchette Brunoy) por la que se siente atraído sexualmente, pero a la que agrede cuando están a punto de mantener relaciones sexuales. Por ese motivo, se aleja de las mujeres, y sublima sus deseos en su dedicación al buen funcionamiento de su locomotora.

Lantier y su fiel fogonero se empiezan a relajar a su llegada a la estación de Le Havre, cansados y tiznados de carbonilla.

Séverine es una mujer todavía joven y muy guapa, que siendo hija de una sirvienta se crio bajo el patrocinio del rico Granmorin (Jacques Berlioz) que la apadrinó, y le buscó matrimonio con Roubaud (Fernand Ledoux), hombre mayor que ella y al que Granmorin promovió al cargo de subjefe de estación en Le Havre. Pero Roubaud sospecha que hay algo extraño en el pasado de su mujer, y finalmente ésta le confiesa que Granmorin la violó repetidas veces cuando fue una niña o adolescente. Esto produce la desesperación de Roubaud y ambos deciden vengarse del potentado, matándolo en un viaje entre París y Le Havre. Cuando eso sucede, Lantier se encuentra en el mismo tren de regreso de visitar a su madrina, y los ve por el corredor del coche del tren, comprendiendo más tarde, durante la investigación del asesinato, que sólo ellos han podido ser los causantes del crimen.

Sin embargo, calla lo que sabe, las culpas recaen sobre un pobre fogonero, y los Roubaud, agradecidos le ofrecen su amistad. Sin embargo, las cosas no van a ser tan sencillas. Roubaud atacado por la culpa cae en el juego y en la bebida, mientras que Lantier y Séverine inician una relación amorosa que evoluciona hasta el momento que deciden que tienen que matar a Roubaud para ser libres de proseguir su vida juntos.

Pero, esto es una novela de Zola y las cosas no serán tan fáciles.

Lantier hace las presentaciones. A su nuevo amor humano, Séverine, le presenta su gran amor mecánico, la Lison, una rápida y poderosa 231 "Pacific".

Interés ferroviario

Toda la película en su conjunto es un fresco de la vida ferroviaria en la Francia de anteguerra. La película está rodada en 1938, año que supuso la creación en el país vecino de la Société Nationale des Chemins de Fer Français (SNCF), con participación mayoritaria del estado francés, y cuya misión principal era la de ofrecer servicios básicos a la población con la subvención del estado. Las antiguas compañías privadas mantenían participaciones en la nueva sociedad.

No obstante, la línea ferroviaria en la que se desarrolla la acción de la película ya pertenecía al estado francés. En la mayoría de los coches de pasajeros que aparecen en la película, el rótulo de la compañía es ÉTAT, pero en algunos de ellos se pueden leer ya las nuevas siglas SNCF. Es por lo tanto un periodo de transición que se rompería por la llegada de la guerra, que supuso un grave quebranto en los ferrocarriles franceses.

La Lison, la protagonista ferroviaria de la película, es una poderosa locomotora de tipo Pacific (231), locomotoras que se impusieron en buena parte de Europa como las más adecuadas para trenes rápidos de pasajeros, cuando la orografía del terreno no era muy complicada. La que aparecen en la película está matriculada como 231-592, y supongo que el sobrenombre le viene de la población francesa de la Baja Normandía que era servida por los ferrocarriles del estado francés.

La Lison, "interpretada" por la 231-592 de l'État, reposa en el depósito de Le Havre.

En la película aparecen numerosos detalles de la vida ferroviaria, y es especialmente interesante observar cómo se manejan el maquinista y el fogonero en la locomotora durante el viaje en las maravillosas escenas del principio de la película. Nos ofrece también vistas de la estación e instalaciones ferroviarias de Le Havre, así como de la estación de Saint-Lazare en París. Eventualmente se aprecian otros vehículos ferroviarios, entre los que destacan diversas locomotoras de vapor, algún automotor suelto por ahí, y especialmente entre estos, hacia el final de la película tenemos un plano en el que mientras el tren expreso se aleja, en una vía contigua tenemos un automotor Bugatti, uno de los primeros automotores rápidos que se utilizaron con éxito en servicio comercial y que tiene un diseño muy característico. Yo pude admirar uno de ellos en la Cité du Train en Mulhouse.

En fin. Que para los amantes del ferrocarril, la película es una delicia y obligatoria

La tragedia ya ha sucedido, y Lantier parte conduciendo la Lison y su tren de pasajeros de la estación de Le Havre con destino París; en la vía adyacente, un moderno Bugatti espera su turno para prestar servicio.

Interés cinematográfico

La película tiene también notables bondades cinematográficamente hablando. En primer lugar, por ser una buena adaptación de una novela de Zola en la que se pega un buen repaso a los aspectos más oscuros del ser humano. Evidentemente, no se puede profundizar en 90 minutos de película en los aspectos más tenebrosos del personaje de Lantier, ese personaje magníficamente interpretado por Gavin, que tras su aspecto de buena persona, de trabajador responsable, esconde los impulsos que justifican el título de la novela y del filme. Él es la bestia humana. O lo que tiene dentro de sí representa a la bestia humana que todos podemos llevar dentro.

El matrimonio Roubaud se dirige a París para visitar al potentado Granmorin. El tren en el que viajan cumplirá trayecto en la estación de Saint-Lazare, donde llegan y de donde salen los trenes que comunican la capital francesa con Normandía y Bretaña.

Siendo como fue un encargo del actor principal, que deseaba protagonizar a un ferroviario, quizá no tenga las virtudes que podemos ver en otras obras del director. Este acababa de dirigir una de sus obras más celebradas, La Gran Ilusión, también con Gavin, y este filme no está a la misma altura. Técnicamente, irreprochable para la época, la secuencia inicial en el que vemos los esfuerzos de maquinista y fogonero en la cabina de conducción de la Pacific, me parece absolutamente antológica. Y el director sabe imprimir el carácter adecuado a una historia que no deja de ser tremenda. Homicidios, pedofilia, instintos violentos,… Todo lleva a un final necesariamente trágico, perfectamente encaminado por la mano del director.

Las interpretaciones son de primer nivel en todos los personajes, destacando desde luego al trío protagonista. Simone Simon interpreta perfectamente a la mujer fatal por excelencia, la que con su tormentoso pasado y atormentado presente producirá el desencadenante para que lo peor de los hombres que la rodean salga a flote.

En fin, que está dentro de las películas más que recomendables, y yo le pongo 4 estrellas: ****.

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Lluvia (2001)

Rain

Esta película la vi como curiosidad. Un día, repasando la programación de Canal + Xtra HD, veo que se trata de una película que aparece como de producción española, pero que transcurre en algún lugar de lo profundo de los Estados Unidos. Así que decidí grabarla. Aunque luego he tardado bastante en verla. Lo que ya no esperaba que este filme, el único largometraje dirigido por Katherine Lindberg, iba a tener un ambiente tan ferroviario como para justificar su inclusión en mi selección de películas sobre el ferrocarril en la historia del cine. Y aquí viene mi reseña.

La historia, que por ahí he visto definida como un drama familiar, tiene muchas de las características de una tragedia griega, en la que existe una cierta predestinación fatal sobre los protagonistas. En este caso encontramos dos familias, en un cálido y seco verano en algún lugar remoto de las grandes llanuras de Iowa, la formada por Ellen (Melora Walters) y su marido, sin hijos, con problemas económicos, y la formada por Tom (Jamey Sheridan), sheriff del pueblo y aspirante a alcalde, su esposa Patsy (Jo Anderson), el hijo mayor, adolescente, Richard (Kris Park) y un par de hijos menores. El marido de Ellen y Patsy son amantes en secreto, aunque parezca que es un secreto a voces. Y en un momento de desesperación, Ellen mata a su marido. Por otra parte, el descontento Richard deambula por ahí con un par de amigos. En un momento dado, entra en tratos con Ellen y se convierten a su vez en amantes. La desaparición del marido de Ellen llevará a la desesperación a Patsy, lo que empezará a afectar a su relación con Tom, más preocupado por su candidatura a la alcaldía que por sus problemas familiares. También hay una cierta cantidad de dinero que entregó la madre de Ellen al marido y que ha desaparecido. Todo se va a enredar notablemente, hasta que lleguen las lluvias y empiecen a limpiar los lodos que harán que todo empiece a salir a la luz. Incluida alguna información sobre un niño que tuvo Ellen en su juventud y que fue entregado en adopción.

Ferroviariamente hablando, el desarrollo de la acción, que transcurre lentamente, es marcada por el tráfico aparentemente incesante de los trenes de mercancías que atraviesan el continente norteamericano, con largas y pesadas composiciones traccionadas por dos, tres y hasta cuatro potentes locomotoras diésel. Aunque no lo puedo asegurar a ciencia cierta, tengo la impresión de que la librea amarilla de las locomotoras pertenece a la compañía Union Pacific Railways. También la BNSF, otra gran compañía ferroviaria norteamerican opera en el estado de Iowa e incluye el color amarillo en su librea. Lamentablemente, siendo una película independiente con escasa repercusión general, me ha sido imposible encontrar fotogramas del filme con imágenes de estos trenes. La película la grave en el iPlus que no permite capturar la grabación en el ordenador, y la borré antes de revisar las imágenes de las locomotoras.

Por lo demás, la película tiene algunas virtudes y algunos defectos. La principal virtud son las interpretaciones. Aunque no se trate de actores y actrices muy conocidos, la verdad es que todos ellos están convincentes en sus papeles y hacen un buen trabajo. Especialmente la que podemos considerar protagonista, Melora Walters. Sin embargo, a la película le falta garra para que el espectador se implique en el drama emocional y trágico de los personajes. El momento cumbre de la película, aquel en el que Ellen comprende hasta que punto la situación se le ha ido de las manos, cuando por fin ve el cuadro completo de lo que está pasando, no alcanza la emoción que debería tener. El espectador, a esas alturas, se ha vacunado contra los dramas de esta gente, y no se ve afectado. En mi opinión, es una película que podría haber alcanzado un mayor impacto emocional, pero que se queda en un triste medio camino; 2 estrellas: **.

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Asesinato en el Orient Express (1974)

Murder on the Orient Express, 1974

Sidney Lumet firma la más famosa adaptación cinematográfica de una de las más célebres novelas de Agatha Christie. Sin embargo, desde el punto de vista cinematográfico no es una película conseguida desde mi punto de vista, aunque no dudo que hará las delicias de los aficionados a la escritora inglesa. En una página complementaria explico lo que puede ser el motivo de mi poca afición a este tipo de películas, al confrontarla con el «suspense» de Hitchcock.

La película recoge la moda de los años 70 de realizar «superproducciones» basadas en amplios reparto de actores y actrices conocidos, muchos de ellos en el final de sus carreras. En este caso podemos ver a unas veteranas Lauren Bacall e Ingrid Bergman, con una serie de conocidos actores como Sean Connery, Albert Finney, Richard Widmark, Jacqueline Bisset, John Gielgud, Anthony Perkins, Michael York, Martin Balsam… Mucho ruido y pocas nueces.

Desde el punto de vista ferroviario, poco que comentar. El mítico expreso que atravesaba Europa, uniendo Londres-Calais y París con Estambul, atrapado en una tormenta de nieve, sirve de escenario a esta típica «whodunit».