Archivo de la categoría: Comedia

Kiseki – Milagro (2011)

Kiseki

Llega con dos años de retraso a la cartelera española. Si no fuera porque ando con más tiempo en estos días se me hubiera escapado. Y afortunadamente, no ha sido así, como veréis.  En este caso, cine japonés en versión original, en la cartelera aparece como Kiseki – Milagro, del director Hirokazu Koreeda, director bastante celebrado, aunque yo no había tenido la oportunidad de ver ninguna de sus películas. A veces su apellido aparece como Kore-eda. Y con tema ferroviario de fondo.

El grupo de niños que protagonizan la historia, con los dos hemanos en el centro.

El grupo de niños que protagonizan la historia, con los dos hemanos en el centro.

Argumento

Esto va de la historia de dos hermanos que viven separados tras el divorcio de sus padres. El mayor, de unos doce años, Koichi (Koki Maeda), vive con su madre y sus abuelos en Kagoshima, a la vista del Sakura-jima, volcán en erupción, y comparte su pesar por la situación familiar con dos de sus amigos del colegio. El menor, de unos diez años, Ryunosuke (Ohshirô Maeda), vive con su padre, músico de rock, en Fukuoka, a casi trescientos kilómetros. Echa de menos también a su hermano, pero está más adaptado a la situación. También se divierte con algun amigo y amigas del colegio. Van a inaugurar la línea Shinkansen que unirá ambas ciudades, y según uno de los amigos de Koichi, si coincides en el lugar donde se cruzan los trenes a medio camino entre sus recorridos y pides un deseo, este se cumplirá. Ambos grupos de niños buscarán la forma de financiarse el viaje hasta Kumamoto, donde se cruzan los trenes. Todos quieren que se cumplan sus deseos. Ser actriz, dibujar bien, que no se muera su mascota, casarse con la simpática bibliotecaria del colegio (o en su defecto con la enfermera, también muy simpática y guapa), correr más,… que la familia se reuna de nuevo para estar los cuatro juntos.

Uno de los grupos de niños se apresura para ir a la estación a coger el tren que los reunirá con el otro grupo.

Uno de los grupos de niños se apresura para ir a la estación a coger el tren que los reunirá con el otro grupo.

El grupo de niños se asoma para ver el paso de los trenes bala.

El grupo de niños se asoma para ver el paso de los trenes bala.

Los dos hermanos, en la estación cerca de Kumamoto, arreglan sus asunto y llegan a acuerdos.

Los dos hermanos, en la estación cerca de Kumamoto, arreglan sus asunto y llegan a acuerdos.

Interés ferroviario

Japón fue el país pionero de la alta velocidad ferroviaria con la inauguración en 1964 de la Tokaido Shinkansen. En occidente se cree que Shinkansen significa «tren bala». No es así. Es el nombre de la línea ferroviaria y no de los trenes. Y significa «gran línea troncal». Esencialmente, la idea es que la red Shinkansen ejerza su misión de comunicación rápida, de alta velocidad, con servicios entre grandes ciudades, mientras de estas se ramifican líneas de servicios regionales y cercanías, generalmente de vía de ancho métrico aunque hay de todo, que comunican los grandes núcleos urbanos con otros más pequeños y las zonas rurales. Las líneas Shinkansen tienen básicamente un despliegue norte-sur, siguiendo la dirección del archipiélago japonés.

En la película se nos presenta el desarrollo e inauguración de la Kyushu Shinkansen que circula entre las estaciones de Fukuoka-HakataKagoshima-Chūō. Casualmente las dos ciudades donde viven los dos hermanos protagonistas de la historia. Es una extensión de la Sanyo Shinkansen, que enlaza hasta Osaka. Las líneas Shinkansen se construyen con abundancia de túneles y viaductos elevados para permitir el mantenimiento constante de las altas velocidades. Y esto causará problemas a los niños protagonistas de la historia.

La elevación de la línea Shinkansen sobre el terreno supone un problema para los niños; no pueden ver el paso de los trenes desde su nivel en el suelo.

La elevación de la línea Shinkansen sobre el terreno supone un problema para los niños; no pueden ver el paso de los trenes desde su nivel en el suelo.

Con la ayuda de dos simpáticos ancianos, encuentran un lugar elevado a la salida de un túnel para poder contemplar si hay suerte el cruce.

Con la ayuda de dos simpáticos ancianos, encuentran un lugar elevado a la salida de un túnel para poder contemplar si hay suerte el cruce.

Es el momento elegido para que se produzca el milagro (kiseki, en japonés).

Es el momento elegido para que se produzca el milagro (kiseki, en japonés).

Pero no todo el interés ferroviario de la película está en las líneas de alta velocidad, sino que también las líneas secundarias y las líneas regionales y de cercanías tienen su momento de protagonismo. Uno de los hitos de la película es cuando los niños consiguen el dinero para coger los trenes que les llevarán hasta el punto medio de la línea, donde se cruzan los trenes, en Kumamoto. Y no falta también la vista de algunos de los tranvías de Kagoshima, que también deleitará a los aficionados al ferrocarril.

En este paso a nivel, uno de los amiguitos del hermano mayor comenta el "milagro" que se produce al observar el cruce de los trenes Shinkansen.

En este paso a nivel, uno de los amiguitos del hermano mayor comenta el «milagro» que se produce al observar el cruce de los trenes Shinkansen.

Los niños se trasladan a los alrededores de Kumamoto en los trenes regionales.

Los niños se trasladan a los alrededores de Kumamoto en los trenes regionales.

Cruzando un paso a nivel, buscando un sitio donde observar el cruce de trenes, se les hecha la noche encima.

Cruzando un paso a nivel, buscando un sitio donde observar el cruce de trenes, se les hecha la noche encima.

La madre de los niños también tiene que lidiar con sus propios problemas; aquí la vemos esperar la llegada de uno de los coloridos tranvías japoneses.

La madre de los niños también tiene que lidiar con sus propios problemas; aquí la vemos esperar la llegada de uno de los coloridos tranvías japoneses.

Interés cinematográfico

Estamos ante una historia de buen rollo, que te pone de buen humor, optimista, aunque realista. Disfrutas con las aventuras de los niños, aprendes a conocer algo mejor el Japón cotidiano, lo que pasa en el día a día de la gente corriente, de sus problemas, de sus inquietudes, pero siempre dentro de lo posible. Los «milagros» a los que a la larga se refiere el título de la película no son tanto los milagros espectaculares que esperamos a veces en la vida, sino lo que son resultado del esfuerzo, las relaciones y la actitud positiva. En general, es una película entrañable y muy divertida, aunque peca quizá de un metraje algo largo, para una historia que tampoco tiene mucho más de lo que he contado en el resumen argumental del párrafo anterior. Pero tampoco se hace incómoda, ni mucho menos.

Las interpretaciones están muy bien. Por supuesto, la gracia está en los niños, que son muy espontáneos y muy salados. Pero los papeles secundarios de los adultos aportan estos tonos de pequeños o grandes dramas que nos enlazan con la realidad cotidiana. Los problemas de pareja, la jubilación, las dificultades en la enseñanza, la dificultad de convertir los sueños de la juventud en realidades,… Y todos lo hacen bien. No menciono los nombres de los intérpretes porque son muchos, y difícilmente recordables con sus nombres japoneses, pero en IMDb los encontramos todos. En cualquier caso, mención especial para los dos niños protagonistas, hermanos en la vida real, que saben transmitir sus auténticas personalidades, reflexiva y preocupada del mayor, vital, alegre, despreocupada pero muy afectiva del menor.

Un película muy recomendable a la que yo califico con cuatro estrellas: ****.

Los niños de Kagoshima de regreso en el tren regional o de cercanías, observan en la distancia los viaductos elevados del Shinkansen.

Los niños de Kagoshima de regreso en el tren regional o de cercanías, observan en la distancia los viaductos elevados del Shinkansen.

Las dos encantadoras niñas amigas del más joven de los hermanos conversan en el tren de regreso a Fukuoka.

Las dos encantadoras niñas amigas del más joven de los hermanos conversan en el tren de regreso a Fukuoka.

Una de ellas, cuyo mayor deseo es dibujar bien, representa la experiencia del tren de alta velocidad sobre el viaducto.

Una de ellas, cuyo mayor deseo es dibujar bien, representa la experiencia del tren de alta velocidad sobre el viaducto.

La quinta del porro (1981)

Me llega esta película absolutamente olvidada por mi parte por parte de un seguidor, Miki, que me la comenta porque casi toda su acción sucede en torno o a bordo de un tren fletado para el traslado de nuevos reclutas que se dirigen a hacer el servicio militar, trasladándose desde la barcelonesa Estación de Francia, hasta algún lugar en las proximidades de Valencia. La película fue dirigida por Francesc Bellmunt, y entre sus nada más y nada menos que cinco guionistas, aparece Juanjo Puigcorbé.

Un grupo de reclutas con un veterano que intenta timarles, claro, en el interior de un coche con compartimentos. Muy tópico todo.

Un grupo de reclutas con un veterano que intenta timarles, claro, en el interior de un coche con compartimentos. Muy tópico todo.

No me extenderé mucho en el comentario de esta película, ya que es el típico producto de la transición con mucho chiste de sal gorda, constantes comentarios a la situación política, a los «pasotas» y a una serie de cuestiones que hoy en día suenan más bien casposillas

Pero es cierto que la película tiene un interés ferroviario indudablemente. Hoy en día desaparecidos, los trenes especiales que salían de las grandes ciudades cargados de jóvenes reclutas en dirección a los centros de instrucción eran un paisaje ferroviario habitual. Generalmente, con poca preferencia en la vía, tardaban una eternidad en hacer sus recorridos. Muchos otros reclutas recibían un pasaporte ferroviario que les permitía tomar los trenes de línea regular. En aquella época, regular tirando a mala. Hay unas cuantas escenas en la Estación de Francia de Barcelona, donde vemos algún TER, frecuentes automotores eléctricos para servicios regionales y de cercanías en librea azul con franjas amarillas, y los trenes con coches de pasajeros verde oliva, tirados unas veces por las veteranas francesas de la serie 7600 o 276 (según épocas), o las más modernas japonesas de la serie 269, en su original librea verde, o alguna 1900 diesel en su estado original, con dos capotas.

En un momento dado, ruedan algunas escenas en una vía que supongo en desuso. Para parar el tren en medio de la nada más que nada. Lo que hace que de repente, el tren lleve una 1900 de doble capota en lugar de las locomotoras eléctricas con las que había salido hasta ese momento.

En un momento dado, ruedan algunas escenas en una vía que supongo en desuso. Para parar el tren en medio de la nada más que nada. Lo que hace que de repente, el tren lleve una 1900 de doble capota en lugar de las locomotoras eléctricas con las que había salido hasta ese momento.

Muchas imágenes se ven tomadas al vuelo en los alrededores de Barcelona, por lo que el presunto tren de los militares oscila a lo largo del metraje en el número de coches, en la locomotora que los arrastra, o en el sentido en el que circula. De interés ferroviario, sin duda, pero que demuestra el descuido y la caspa en la producción cinematográfica.

Entre los actores conocido, un Álvaro de Luna haciendo de sargento razonable, simple, pero buena persona, con un teniente un tanto más lelo.

Entre los actores conocido, un Álvaro de Luna haciendo de sargento razonable, simple, pero buena persona, con un teniente un tanto más lelo.

Y tratándose de una película de la transición, sus culos y tetas, aunque con mucha más moderación de la que pudieramos pensar. Una muy comestible Mercé Pérez, y poco más.

Y tratándose de una película de la transición, sus culos y tetas, aunque con mucha más moderación de la que pudieramos pensar. Una muy comestible Mercé Pérez, y poco más.

Una película que no recomendaría ni a mí peor enemigo salvo como anécdota de la sociología de la época, o bien por ver circular trenes que ya no se ven, y que es totalmente prescindible. Todo lo mas le pongo 1 estrella: *.

Y no faltan los momentos surrealistas con caballo del coronel a bordo del tren, incluido.

Y no faltan los momentos surrealistas con caballo del coronel a bordo del tren, incluido.

La vida en un hilo (1945)

La vida en un hilo

Recuerdo que vi por primera vez esta película a finales de los años 90. En aquella época Canal+ todavía tenía propuestas innovadoras e interesantes en programación, antes de pasar a ser una cadena más anodina donde simplemente echan programas sin publicidad porque para eso pagas. Y una cosa que hacían es los programas dobles de cine en la que a una película de estreno le seguía otra película que podía ser su versión original, o la película en la que se basó u homenajeó, o una película con una temática similar y planteamientos distintos a comparar. Hubo cosas muy interesantes.

En un momento dado, programaron como película de estreno Sliding Doors (Dos vidas en un instante), que protagonizada por Gwyneth Paltrow, nos ofrecía dos caminos alternativos a la protagonista del filme en función de que llegase a tiempo a coger un tren del metro londinense, o se encontrase con las puertas deslizantes del mismo, a las que hace referencia el título de la película, ya cerradas. A continuación, emitieron la película española de Edgar Neville que hoy nos ocupa, y que cincuenta años antes partía de premisas similares. Aunque con un tono menos dramático, y con más ambiente ferroviario.

En el compartimento del coche cama del Expreso, Mercedes y Madame Dupont conversan sobre las posibles vidas de la primera, según las "visiones" de la segunda.

Sinopsis

Mercedes (Conchita Montes) es una joven y guapa viuda, que tras pasar el periodo de luto por la muerte de su marido, se traslada a vivir de una localidad de provincias en el norte de España a la capital, a Madrid. En el tren, tiene de compañera de compartimento en el coche cama a una artista de circo, Madame Dupont (Julia Lajos), que es capaz de adivinar el pasado. Pero no sólo el pasado que ha sido, sino el que pudo ser en el caso de que la interesado o el interesado hubieran tomado decisiones distintas. Y así, es capaz de contarle a Mercedes lo que pasó cuando una tarde lluviosa en Madrid, unos años antes, en vez de aceptar el ofrecimiento del que luego sería su marido, el aburrido ingeniero Ramón (Guillermo Marín), para compartir un taxi, hubiera aceptado el que momentos antes le hizo un dicharachero escultor, Miguel (Rafael Durán), con quien pudo tener un vida bastante más interesante.

Las insufribles tías de Ramón, el difunto marido de Mercedes, son la diana adecuada para las amables críticas hacia la burguesía provinciana.

Interés ferroviario

Toda la historia se cuenta en dos flashbacks, uno real y otro hipotético, mientras las dos mujeres viajan en un tren expreso nocturno, de los muy abundantes que cruzaban la península en tiempos, uniendo la periferia con la capital, e incluso distintas regiones periféricas entre sí. La vieja estación del Campo Sepulcro en Zaragoza, luego reconvertida en Zaragoza-El Portillo, tenía un tráfico constante de expresos toda la noche que unían Madrid con Barcelona, y esta última ciudad con Galicia, el País Vasco y otros puntos del norte de España. Apenas algún tren-hotel despistado queda ahora de todo aquel trasiego. Como el que aparece en la película, arrastrados durante buena parte de los años de posguerra por locomotoras de vapor, eran largas composiciones con algunos coches de primera y segunda clase en compartimentos sentados, algunos coches de literas, y para los más afortunados, coches camas más cómodos. Los que aparecen en la película tienen toda la pinta de pertenecer a la Wagon Lits, y aparecen con cierto nivel de comodidad y lujo, aunque se emiten críticas a la calidad de las cenas que se sirven a bordo del tren.

Apenas hay escenas del conjunto del tren, y de hecho, da la impresión que filman distintos trenes, con el equipo de filmación apostado junto a la vía. Las imágenes no son claras, aunque hay un moemento en el que el tren que aparece más parece un correo o un rápido tirado por una 240 que el presunto expreso en el que se desplazan las protagonistas.

También hay dos imágenes de estaciones. La de salida y la de llegada. Teóricamente, una estaría en alguna ciudad del norte de España y la otra en Madrid. Pero a mí, ambas estaciones me parecen la misma. La de Príncipe Pío de la que salían los trenes que comunicaban la capital con el norte de la península. Es muy característica la imagen inicial, cuando se supone que NO están en Madrid, pero que tras los edificios de la estación, y en alto, se intuyen las formas del Palacio Real.

Desgraciadamente, la película es muy antigua, y no es fácil encontrar imágenes apropiadas por ahí. Si en un futuro las consigo, las pondré.

Tras el viaje en el tren, Miguel, que inopinadamente viaja junto a Mercedes y Madame Dupont, se dispone a bajar en Madrid.

Interés cinematográfico

Lo primero que hay que decir es que es una película relativamente moderna, para la época y para el país. Recordemos que en 1945, España está en plena etapa autárquica de la posguerra, con una economía por lo suelos, y con un ferreo control por parte de la dictadura de los contenidos cinematográficos. Sin embargo, el filme rezuma muy notablemente las influencias de los grandes de la comedia romántica que abundaron en Hollywood en los años 30 y los años 40. Lejos del costumbrismo habitual de la época, se nos presenta una burguesía relativamente actual (para la época, insisto), mundana y alegre. Muy ciudadana. Y se nos presentan diálogos ágiles, ingeniosos, irónicos aunque sin mala leche.

Lo segundo es que es relativamente desconocida. Probablemente debido a la filiación del director con el bando fascista, lo cual hará que algunas de sus obras sea injustamente ignoradas con posterioridad. Más cuando la película no es una película política. Es cierto que esconde la realidad del país en esos momentos. Que nos presenta una sociedad dinámica, una burguesía pudiente, que compra prendas de pieles, que sale a cenar y a bailar a los night clubs, muy lejos de a lo que la mayor parte de los españoles de la época podían aspirar en esos momentos. Pero también critica aspectos del conservadurismo y la mojigatería de esa burguesía. Con amabilidad, es cierto, pero incisivamente.

La escena en la que Mercedes y Miguel se conocen en el taxi en la realidad alternativa es un ejemplo de cómo transplantar los modos y el espíritu de la screwball americana al ambiente español. Y con éxito.

Así que debemos ver el filme como lo que es. Un producto de entretenimento como muchos que llegaron en esos tiempos del otro lado del Atlántico. Y bien hecho y bien interpretado. En mi opinión, y salvando las distancias generacionales, a más alto nivel que la mayor parte de las comedias románticas que el cine español produce hoy en día. Muchas de ellas sonrojantes por su ínfima calidad. De hecho, esta película sufrió una nueva versión a principios de los noventa con Ángela MolinaAntonio Banderas e Imanol Arias, dirigida por Gerardo Vera, que se tituló Una mujer bajo la lluvia, que nunca vi, y que todo indica que fue bastante penosa.

Así que considero esta película como recomendable, siempre y cuando uno esté dispuesto a colocarse en situación. Porque ciertamente, pertenece a otra época y a otra España, que en realidad, nunca existió. Así que yo le pongo 4 estrellas: ****.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

Amélie (2000)

Le fabuleux destin d’Amélie Poulain

En primer lugar, reconocimientos y agradecimientos. Yo había olvidado por completo que esta película tuviese que ver con la fotografía. Como explicaré más adelante, fue un filme que me defraudó en cierta medida, y lo dejé a un lado, en un rincón de mi memoria. Sin embargo, recientemente, con un escueto pero clarísimo mensaje, alguien llamado Luis, y desconozco más datos, me sugirió este filme para ser añadido a mi lista de películas de La fotografía en el cine. Lo que pasó también es que inmediatamente recordé que también es apto para ser incluido en mi lista de películas de El ferrocarril en la historia del cine, así que, mato dos pájaros de un tiro. La mar de bien, ¿no?

Amélie (Audrey Tautou) es una chica de 23 años, soñadora, pero algo solitaria, que vive en París, y trabaja de camarera en un bistró de la capital francesa. En cierto modo, sueña con resolver las injusticias del mundo, como nos sugieren sus acciones en relación a las personas que le rodean, o como se ve a sí misma cuando se retrata disfrazada como El Zorro. Y en estas está cuando, mientras se dedica a resolver «las injusticias» cotidianas que sufren su padre, sus vecinos, sus compañeros de trabajo, sus tenderos,… mientras se encuentra en la estación de metro de Abbesses, la que utiliza habitualmente en sus desplazamientos ya que vive en los alrededores de Montamartre, ve a un joven, que claramente encuentra atractivo (Mathieu Kassovitz), arrodillado en el suelo rebuscando entre la basura alrededor de una máquina de Photomaton.  Y no será la única vez, puesto que también se lo encontrará en la Gare de l’Est, donde descubrirá que el joven se dedica a hacer un álbum con las fotografías desechadas de las máquinas de Photomaton. Y el amor surgirá. Y hasta aquí puedo contar, que nunca cuento el argumento completo del filme que comento.

La película fue un exitazo en su momento, y gustó mucho a la gente. Yo fui a verlas con unas expectativas muy altas, ya que el director, Jean-Pierre Jeunet, había sido el director, junto con Marc Caro, de dos películas que me habían gustado mucho: Delicatessen y, en menor medida, La ciudad de los niños perdidos. Sin embargo, la película no consiguió engancharme. Ni en la actualidad lo hace, cuando la he vuelto a revisitar para hacer este modesto comentario. A pesar del indudable encanto físico de la protagonista, el personaje se me hace un poquito cargante, quizá porque la historia se prolonga innecesariamente en las dos horas largas que dura la película. También me cansa la iluminación del filme, con esa paleta de colores vivos propios de los procesos cruzados en fotografía, particularmente de la diapositiva revelada en químicos C-41 para negativo en color. Es un aspecto visual que no me disgusta, pero en pequeñas dosis. Si no, me cansa.

En el aspecto fotográfico, ya ha quedado clara la importancia de los photomatones en la película. Estas máquinas que automáticamente y de forma casi instantánea proporcionan cuatro fotografías tamaño carné, se han convertido en muy populares en todo el mundo. Hay otras variantes que proporcionan imágenes de recuerdo en otros tamaños y aspectos, pero las más habituales son las mencionadas. Hay que destacar que en el pasado han sido utilizadas por diversos artistas como medio creativo. Especialmente, por los surrealistas que las encontraron novedosas y apropiadas a sus fines expresivos. Otros detalles sobre la fotografía en la película es que vemos a la Amélie niña usando una Kodak Instamatic que recibe de regalo para fotografíar animalitos en las nubes. Y que el enano de jardín de casa de sus padres «viaja» por el mundo, enviando polaroids al padre de Amélie de vez en cuando.

En el aspecto ferroviario, la película nos proporciona un recorrido por algunas de las principales estaciones de París. Aparte de las mencionadas, también aparecen Gare du Nord y Gare de Lyon. Así como numerosas imágenes de diversas líneas de metro, especialmente aquellas que discurren en parte de su recorrido en el exterior, sobre el suelo. Para todos los amantes de los ferrocarriles, París es una ciudad interesante, y así se pone de manifiesto en el filme.

Así que ya sabéis. En general, es una película muy apreciada, aunque a mí me dejase frío. Si no la habéis visto, quizá debierais probar. Yo le pongo 3 estrellas: *** (aunque tendiendo a dos).

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

El expreso de Chicago (1976)

(Silver Streak, 2009)

Lo cierto es que no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar con esta película. Mirando un día la programación de la televisión por satélite me la encontré, y deduje por la breve sinopsis que podía tener ambiente ferroviario, como así es, y la dejé a grabar. Después de más de un mes reposando el sueño de los justos en el disco duro del descodificador digital, aprovechando un día de ligera enfermedad,… pues la he visto y he aquí lo que me he encontrado.

El protagonista es George (Gene Wilder), un editor que viaja de Los Ángeles a Chicago por motivos familiares, y que decide tomárselo con calma para pensar y leer con calma, por lo que opta por el tren en lugar del avión. Por lo tanto, le esperan dos días y medio de viaje en el Silver Streak (en el doblaje se le denomina el Expreso de Chicago), de la ficticia AMRoad. En el tren conoce y liga con su vecina de compartimento, Hilly (Jill Clayburgh), y mientras están en situación amorosa por la noche, de repente cree ver por la ventanilla un cadáver con un disparo en la cabeza que cae del tren. A partir de ahí, comienzan una serie de andanzas en lo que es la duración del viaje, en las que se incluyen tres «bajadas» forzosas del tren, al que siempre vuelve el protagonista, y con la intervención de diversos personajes entre los que destaca un ladronzuelo interpretado por Richard Pryor.

La película, dirigida por Arthur Hiller, director de moda en aquellos tiempos por ser responsable de una de las más empalagosas e intragables películas románticas de la historia del cine, es básicamente una comedia de aventuras, como no podía esperarse otra cosa del protagonista y en la época en la que se rodó. La evolución de los hechos, más que increíble, resulta por momentos disparatada. Sólo por mencionar algo, parece difícil que si «te caes» del tren en medio del desierto de Nevada, puedas volver a montar más adelante, porque una anciana que vive en una granja en medio de la nada, utiliza un biplano para viajar de un lado para otro. O que a pesar de todas las cosas que le pasan al tren en el tramo final de la película, llegue puntual a su destino en su espectacular final. Pero supongo que es parte de la gracia, y parte de la cultura cinematográfica de aquel momento; el disparate. Y realmente tiene su gracia, aunque tampoco sea para entusiasmar.

Ferroviariamente, se supone que el trayecto recorre los Estados Unidos. Sin embargo, todo indica que fue rodada en Canadá utilizando material del Canadian Pacific Railway, repintado para simular la ficticia AMRoad. (Imagen anterior obtenida en una página dedicada a esta compañía). Resulta notable ver al tren, con su locomotora diesel doble, avanzar por escenarios desérticos, por las grandes praderas o por las Montañas Rocosas, aunque no sea en los escenarios reales. Hay que decir que en la actualidad, existe un tren que realiza ese mismo recorrido, el Southwest Chief, operado en la actualidad por Amtrak, aunque en el pasado, operado por la mítica Atchinson, Topeka & Santa Fe, existió como Super Chief, y porsteriormente por Amtrak como Southwest Limited hasta su actual denominación. Os pongo una imagen obtenida en Wikipedia del Super Chief en Albuquerque.

En resumen, una película concebida como entretenimiento, que nota el paso de los años, pero que como comedia disparatada probablemente sea mejor que mucho de lo que se hace hoy en día. Si un día caéis enfermos, y os la echan por la tele, puede ser una opción para consumir dos horas de monótona convalecencia.

Para cualquier comentario, Carlos Carreter.

Los jueves, milagro (1957)

Los jueves, milagro

Dirigida por: Luis García Berlanga

Guion por: Luis García Berlanga

Nos encontramos ante una de las películas típicas de Berlanga, en la que se mezcla de alguna forma el realismo, el costumbrismo y el disparate más absoluto. Heredera de la tradición que se inició con «Bienvenido, Mr. Marshall». Una serie de individuos en un pueblo, deseosos de atraer dinero y notoriedad, se inventan un milagro. La aparición de «San Dimas» (inconmesurable Pepe Isbert) junto a las vías del tren a un pordiosero que vive en un viejo vagón de ferrocarril (un jovencísimo Manuel Aleixandre). Sin llegar a los niveles de otras películas del director, te mantiene en una sonrisa permanente y te hace llevarte las manos a la cabeza de cómo fue la España de postguerra.

Ferroviariamente, podemos deducir de la anterior sinopsis que la acción sucede en terrenos ferroviarios. A la salida de un tunel, en los cambios de agujas de entrada en la estación de Béjar (me refiero a lugar real, no al ficticio de «Fontecilla»), está el vagón ruinoso donde vive el pordiosero. A lo largo de la película, con frecuencia vemos pasar trenes de la época, arrastrados con sobervias vaporosas, que en algún momento tienen su importancia en la acción. Y sobre todo, el cachondeo permanente sobre los retrasos de los trenes. En especial, me parto de risa cuando uno de los personajes propone emitir una queja a R.E.N.F.E. (sí, sí, con mayúsculas y puntitos, que entonces eran siglas) porque el tren ha llegado a su hora.

Si tienes algún comentario que hacer, no dudes en mandarme un mensaje.

Los hermanos Marx en el Oeste (1940)

Go West, 1940

Es una lástima que una de las películas más flojas de los Hermanos Marx sea precisamente la más ferroviaria de todas.

Con la colaboración de Buster Keaton como guionista (que no aparece en los títulos de crédito), organizan una excursión por el Lejano Oeste a propósito de una débil trama de compra de terrenos por el ferrocarril.

No obstante, es universalmente célebre el grito de «¡Más madera!» en la persecución del tren de la NY&WRR a la carreta dónde galopan los «malos», y la canibalización del tren por el ávido fogón de su locomotora, para alcanzar su destino.

A pesar de su flojedad, yo me seguiré definiendo como «marxista», facción Groucho. Y para los aman el tren norteamericano, imprescindible. Aunque pueden limitarse a la escena inicial en la estación del Este, y a la persecución final.

Para cualquier comentario mándame un mensaje.

Con faldas y a lo loco (1959)

Some Like it Hot, 1959

Obra maestra de Billy Wilder en el terreno de la comedia, el trío formado por Joe/Josephine (Tony Curtis), Jerry/Daphne (Jack Lemmon) y Sugar Kane (Marilyn Monroe).

«Joe» y «Jerry» deben huir al ser testigos de la matanza del día de San Valentín (ajuste de cuentas entre bandas mafiosas en Chicago, en 1929). Y lo hacen disfrazados como «Josephine» y «Daphne» con una orquesta de mujeres entre quienes encontramos a «Sugar Kane», espectacular mujer que enamora hasta al expreso que les llevará a Florida.

Desde el punto de vista ferroviario, destacar las escenas antológicas en el andén de la estación de Chicago y en el interior del expreso.

Por lo demás, una película que no hay que perderse.