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La quinta del porro (1981)

Me llega esta película absolutamente olvidada por mi parte por parte de un seguidor, Miki, que me la comenta porque casi toda su acción sucede en torno o a bordo de un tren fletado para el traslado de nuevos reclutas que se dirigen a hacer el servicio militar, trasladándose desde la barcelonesa Estación de Francia, hasta algún lugar en las proximidades de Valencia. La película fue dirigida por Francesc Bellmunt, y entre sus nada más y nada menos que cinco guionistas, aparece Juanjo Puigcorbé.

Un grupo de reclutas con un veterano que intenta timarles, claro, en el interior de un coche con compartimentos. Muy tópico todo.

Un grupo de reclutas con un veterano que intenta timarles, claro, en el interior de un coche con compartimentos. Muy tópico todo.

No me extenderé mucho en el comentario de esta película, ya que es el típico producto de la transición con mucho chiste de sal gorda, constantes comentarios a la situación política, a los «pasotas» y a una serie de cuestiones que hoy en día suenan más bien casposillas

Pero es cierto que la película tiene un interés ferroviario indudablemente. Hoy en día desaparecidos, los trenes especiales que salían de las grandes ciudades cargados de jóvenes reclutas en dirección a los centros de instrucción eran un paisaje ferroviario habitual. Generalmente, con poca preferencia en la vía, tardaban una eternidad en hacer sus recorridos. Muchos otros reclutas recibían un pasaporte ferroviario que les permitía tomar los trenes de línea regular. En aquella época, regular tirando a mala. Hay unas cuantas escenas en la Estación de Francia de Barcelona, donde vemos algún TER, frecuentes automotores eléctricos para servicios regionales y de cercanías en librea azul con franjas amarillas, y los trenes con coches de pasajeros verde oliva, tirados unas veces por las veteranas francesas de la serie 7600 o 276 (según épocas), o las más modernas japonesas de la serie 269, en su original librea verde, o alguna 1900 diesel en su estado original, con dos capotas.

En un momento dado, ruedan algunas escenas en una vía que supongo en desuso. Para parar el tren en medio de la nada más que nada. Lo que hace que de repente, el tren lleve una 1900 de doble capota en lugar de las locomotoras eléctricas con las que había salido hasta ese momento.

En un momento dado, ruedan algunas escenas en una vía que supongo en desuso. Para parar el tren en medio de la nada más que nada. Lo que hace que de repente, el tren lleve una 1900 de doble capota en lugar de las locomotoras eléctricas con las que había salido hasta ese momento.

Muchas imágenes se ven tomadas al vuelo en los alrededores de Barcelona, por lo que el presunto tren de los militares oscila a lo largo del metraje en el número de coches, en la locomotora que los arrastra, o en el sentido en el que circula. De interés ferroviario, sin duda, pero que demuestra el descuido y la caspa en la producción cinematográfica.

Entre los actores conocido, un Álvaro de Luna haciendo de sargento razonable, simple, pero buena persona, con un teniente un tanto más lelo.

Entre los actores conocido, un Álvaro de Luna haciendo de sargento razonable, simple, pero buena persona, con un teniente un tanto más lelo.

Y tratándose de una película de la transición, sus culos y tetas, aunque con mucha más moderación de la que pudieramos pensar. Una muy comestible Mercé Pérez, y poco más.

Y tratándose de una película de la transición, sus culos y tetas, aunque con mucha más moderación de la que pudieramos pensar. Una muy comestible Mercé Pérez, y poco más.

Una película que no recomendaría ni a mí peor enemigo salvo como anécdota de la sociología de la época, o bien por ver circular trenes que ya no se ven, y que es totalmente prescindible. Todo lo mas le pongo 1 estrella: *.

Y no faltan los momentos surrealistas con caballo del coronel a bordo del tren, incluido.

Y no faltan los momentos surrealistas con caballo del coronel a bordo del tren, incluido.

La bataille du rail (1946)

La bataille du rail

Hace bastante tiempo que tenía esta película prevista para esta colección del ferrocarril en la historia del cine. Pero hasta hace poco no encontré el momento y la ocasión. Y eso que no es una película muy larga. Son 85 minutos, dedicados a la resistencia contra el ocupante alemán en la Francia de la Segunda Guerra Mundial entre los ferroviarios de los ferrocarriles franceses. Está dirigida por René Clément.

Un blindado baja de un tren para afrontar la amenaza del maquis de la resistencia.

Argumento

Tras unos minutos iniciales en los que se nos cuentan los diversos trucos y artimañas que utilizaban los ferroviarios franceses para entorpecer el normal funcionamiento de los ferrocarriles en Francia, así como los problemas en el paso entre la zona «libre» y la ocupada, y las represalias que eventualmente sucedían, la película se centra en las acciones de sabotaje que se produjeron durante la invasión aliada de Normandía, en la que se intentó por todos los medios que los refuerzos alemanes llegaran al frente con dificultad. Así, observaremos sabotajes, emboscadas, voladuras, y algún combate que otro entre el maquis y las tropas alemanas, hasta que llega la liberación.

Un tren blindado, fuertemente armado, avanza a la cabeza de un grupo de trenes, muy próximos entre sí, con el fin de minimizar los efectos de los sabotajes.

Interés ferroviario

Todo el del mundo. Un amplio muestrario de locomotoras de vapor y alguna eléctrica, vagones y coches de pasajeros de todo tipo, trenes blindados, cañones móviles, grúas de gran tonelaje en trenes de gran intervención, maniobras en depósitos de locomotoras, en playas de clasificación, en puestos de control,… lo que se os ocurra. Un paraíso cinematográfico para el amante de los ferrocarriles.

Una grúa de un tren de intervención despeja la vía de los efectos de un sabotaje.

Interés cinematografíco

Relativo. Básicamente es una película propagandística, en la que se mezclan imágenes documentales tomadas durante el conflicto y las realizadas para la ficción cinematográfica. Entre las que se incluye un auténtico descarrilamiento de un tren blindado. Evidentemente, los méritos técnicos de la película no son pocos, y hasta cierto punto puede ser comprensible que fueran bien valorados. Pero que recibiese el premio del jurado internacional de Cannes sólo lo puedo entender en el marco del fervor patriótico. Todo lo que le sobra de interés documental, excesivamente sesgado patrioteramente hablando, le falta de intensidad dramática, ya que las situaciones son relativamente previsibles o estereotipadas. Pero es una película que indudablemente no está mal.

Unos resistentes preparan un explosivo para volar las vías al paso de un tren.

En mi opinión, el papel de Francia durante el conflicto bélico fue más bien triste. Con un derrumbe militar total en dos meses tras el paréntesis de la drôle de guerre, la actitud global del país fue muy diversa. Si bien es cierto que hubo una resistencia organizada que hizo de las suyas, también es cierto que no faltaron los colaboracionistas y aprovechados. Y desde luego, por medios propios, difícilmente hubiesen podido librarse del invasor, corriendo grave riesgo de perder buena parte de su territorio, de no haber mediado la extrema ambición de los nazis que les llevaron a una guerra que no pudieron ganar. Por todo ello, y para reivindicarse, nuestros vecinos han exagerado siempre el papel de la resistencia y de las divisiones leales que pelearon siempre del lado aliado. Pero hay que ser justo, y es muy cierto que durante la invasión de Normandía, los sabotajes ferroviarios aumentaron mucho, y fueron muy importantes a la hora de entorpecer la reacción alemana. No me atrevería a decir que fueran decisivos, pero sí que con su acción ahorraron tiempo y algunas vidas, al menos aliadas, que no es poco.

Unos resistentes se preparan para combatir a las tropas de un tren blindado. Se ve alguna chica, pero estas escasean notablemente en el reparto del filme.

Una película de gran interés para el aficionado al ferrocarril, imprescindible, pero que al aficionado al cine en general resultará de interés menor. Desde luego, si hay que elegir entre películas con este tema, me decanto por la ya comentada El tren. No obstante, le pongo por lo menos 3 estrellas: ***.

Un grupo de ferroviarios a punto de ser fusilados. No hay película sobre ocupación alemana que no nos ofrezca una emotiva escena de este tipo.

Colorful (2010)

Karafuru (2010)

En los últimos años he tenido la ocasión de comprobar en distintas ocasiones el altísimo nivel que tiene la animación japonesa. Creo que muchos adultos tienen prejuicios hacia la misma por muchas de las series de animación que se emiten en la programaciones infantiles y juveniles de las televisiones. Sin embargo, creo que en el mundo de los largometrajes, hay una gran diversidad de formas, temas y público diana. Como tengo un sobrinillo de tres años, en los últimos tiempos he estado informándome para tener alguna cosa en casa para cuando viene. Y me he encontrado con verdaderas joyas. Con temas mucho más profundos que en la animación occidental, sin dejar de lado la aventura y la fantasía, de la cual tienen para dar y regalar. En su momento, gracias a la programación de Canal+ Xtra pude disfrutar de muchas de las maravillas del Studio Ghibli. Y aun ahora van programando de vez en cuando películas de animación japonesas de otros autores y estudios, que intento ver. Aunque no siempre, me suelen gustar. El caso es que la que hoy nos ocupa tiene un episodio en la misma que es clave en el desarrollo de la trama, y que tiene que ver con un antiguo tranvía de la ciudad de Tokio. Un tamaden, un tren-gato ya desaparecido.

Tokomo en su casa, con su madre y su hermano, con quienes mantiene una muy difícil convivencia.

Sinopsis

Dirigido el filme por Keiichi Hara, cuando comenzamos la acción, nos encontramos en la estación de tránsito donde las almas de las personas fallecidas son redirigidas. En la mitología de la película, se dirigen a nuevas encarnaciones, a nuevas existencias. Sin embargo, hay una a la que un ser de carácter presuntamente angélico, Purapura, aunque no lo sabemos con seguridad, le anuncia que dado el grave pecado que ha cometido antes de morir no se admitirá que vuelva a tener una nueva existencia. No sin antes darle un tiempo para redimir ese pecado. Para ello, ocupará el cuerpo de un muchacho de 14 años, Tomoko, que ha cometido suicidio. Durante el período de prueba, deberá reflexionar sobre su pecado, pero también sobre las circunstancias que llevaron a Tomoko, un chico solitario, inadaptado a la sociedad escolar, inmerso en un familia con problemas.

Tokomo pasea con Saotome por lo que fue la antigua línea del tranvía de Kinuta, y en la que forjan una amistad que será definitiva para el destino del chico.

El regreso será poco optimista. Descubrirá que poco antes de suicidarse, Tomoko descubrió que una de sus compañeras de clase, Hiroka, de quien está secretamente enamorado se prostituye con adultos. Y un día que la siguió a un love hotel, descubrió saliendo del mismo a su propia madre con un amante. Así que las cosas no pintan bien. Sus únicos enganches al mundo pueden ser Shoko, una compañera de clase también mal adaptada, Saotome, un compañero alegre y que va de catástrofe en los estudios con quien pasará una tarde recorriendo la antigua línea de un tamaden, y su padre, un hombre que con un aura de melancolía, mantiene un tono optimista a pesar de todo ante la vida.

La prostitución de niñas de catorce o quince años inducida por el impulso consumista, fenómeno que es parece que es frecuente en Japón, es uno de los temas más complicados de esta valiente película.

Interés ferroviario

Como ya he comentado, en un momento importante de la película, Tomoko se encuentra con Saotome en la estación de tren de Futako-tamagawa. Y este le invita a acompañarle. Va a recorrer la antigua línea secundaria de tamaden, que unía esta estación con la de Kinuta Honmura, y que desapareció en 1969. Un tamaden era, o es donde exista, un tranvía. Etimológicamente, tama-den significaría tren-gato (tama sería gato). Y el motivo es que los frontales de los tranvías, con la librea de pintura que llevaban, tendrían el aspecto de un hocico estilizado de un felino. He de decir que los antiguos tranvías de la línea 11 de Zaragoza que tantas veces utilicé en mi infancia, también tenían un esquema de pintura que les daba este aspecto gatuno.

Imagen actual con la persiana de un comercio decorada con una unidad de la antigua línea de Kinuta.

Cartel conmemorativo del centésimo aniversario del «tamaden» que abarcaba más líneas que la secundaria de Kinuta que nos describen en la película.

Las fotografías anteriores están cogidas de Flickr donde son puestas a disposición por el usuario Nemo’s great uncle bajo licencia Creative Commons 2.0.

En cualquier caso, este pasaje de la película me parece de gran belleza. Por un lado está el diálogo entre los dos adolescentes, que va progresando para cimentar su amistad. Por otro lado, filmada con imágenes que combinan la animación, la fotografía fija en blanco y negro, y los fondos fotografiados en color de la situación actual de lo que era el entorno de la línea del tranvía, nos va dando idea de como era esta pequeña línea de unos tres kilómetros de longitud. Y cómo se han mantenido elementos de mobiliario urbano que recuerdan el paso de aquella línea de tranvía por esas calles. Qué envidia, la capacidad para recordar y homenajear los elementos de la ciudad que dieron buen servicio a los ciudadanos.

Esta fotografía corresponde a una unidad de la línea 11 del tranvía de Zaragoza que se encuentra preservada en el Museo del Ferrocarril de Azpeitia, y que tomé yo mismo en el año 2000. Como veis, el frontal tiene un esquema de pintura que le da una aspecto gatuno.

Interés cinematográfico

Para tener un aspecto de película de animación para adolescentes, me he quedado impresionado por la profundidad de los temas que trata. Como principal, el suicidio de los adolescentes y los jóvenes, desencantados e incapaces de afrontar la vida tan pronto. También tenemos el problema de la comunicación en la familia, personas que comparten techo y genes, pero que llegan a convertirse en extraños. Por otro lado, la dureza del ambiente escolar, en el que se puede arruinar la vida de un niño o adolescente al quedar marginado de todos sus compañeros. Especialmente duro, el problema de la prostitución de niñas adolescentes, a quienes la necesidad impuesta de tener y vestir cosas bonitas, les lleva a tener «amigos mayores» que les pagan estas cosas. «Total, son tres veces al mes; con eso me vale». Dura frase en boca de un personaje que representa a una adolescente de catorce años.

En su segunda oportunidad, Tokomo es guiado por un ente sobrenatural, a veces angélico a veces diablillo, Purapura, de quien se despide al final del largometraje en la terraza de la escuela.

Todo ello hilado en una película con un guion excelente, que ha pesar de su duración larga para una película de animación, un poquito más de dos horas, no se hace larga en absoluto. Y luego están las señas de identidad de la animación japonesa, con un dibujo de trazo muy limpios, con personajes dibujados con un aspecto bidimensional pero sobre un fondo, un decorado, que puede llegar a ser muy realista y tridimensional, con un efecto estupendo.

Desde luego, es una película que me ha gustado mucho, y que no dudo en recomendar. Le pongo 4 estrellas: ****.

Asalto al tren del dinero (1995)

Money Train (1995)

Repasando la programación de cine de la televisión por satélite, me encuentro con este título que no conocía, y que decido grabar para ver por su temática ferroviaria. Y ese es el motivo por el que la traigo aquí. Porque no se me ocurren muchos más motivos por los que a alguien le podría interesar este filme dirigido por Joseph Ruben.

Los dos protagonistas del filme en acción, en una actitud muy «peliculera».

Sinopsis

John (Wesley Snipes) y Charlie (Woody Harrelson) son dos policías del metro de Nueva York que se criaron juntos en hogares de acogida, por lo que se consideran entre sí hermanos. Aunque eficaces en su trabajo, no dejan de tener roces con sus superiores, cosa que no mejora por el carácter de Charlie, poco juicioso y jugador, empeñado hasta las cejas por deudas. Para colmo, al grupo operativo se une una guapa policía, Grace (Jennifer Lopez), que pronto atraerá a ambos «hermanos». Sin embargo, ella se decantará por el más serio John. Esto acabará de desquiciar a Charlie que, expulsado del cuerpo y acosado por las mafias del juego, decidirá robar el tren del metro que todas las noches recorre las estaciones al finalizar el servicio para recaudar los ingresos de las taquillas. Lío del que de alguna forma le tendrá que sacar John.

Una Jennifer Lopez joven y guapa, pero todavía desconocida, era el «florero» de la película.

Interés ferroviario

Evidentemente, buena parte del filme se desarrolla en instalaciones y vehículos del ferrocarril metropolitano de la ciudad de Nueva York. Y no merece mucho la pena el comentario, ya que hay otras películas que lo muestran mejor y con algo más de seriedad. El sistema de recogida del dinero recaudado diariamente estuvo en vigor en Nueva York hasta el año de 2006, año en que se retiró porque el uso habitual de máquinas automáticas, la MetroCard, y el uso de tarjeta de crédito como medio de pago, lo hizo ineficiente. No tenía el aspecto de la película. Eran amarillos con franjas negras, y no plateados.

Los dos protagonistas del filme, metidos en el improbable «tren del dinero».

Interés cinematográfico

Prácticamente nulo. Rodada con grandes efectos pirotécnicos y para mayor gloria de dos intérpretes que no estaban en su mejor momento, dudo que Snipes haya tenido algún buen momento, es una película sin pies ni revés, llena de tópicos, y que fue un fracaso económico ya que costó demasiado para lo que recaudó. Tanto la crítica como el público le dieron la espalda. J.Lo tenía un papel de florero. En aquel momento, con 25 años no era muy conocida todavía.

No se la recomiendo a nadie. Le pongo  1 estrellita: *.

Al otro lado de las vías (2008)

The other side of the tracks

Llego a esta película haciendo un barrido de la programación de los canales de televisión por satélite. Decido arriesgar a ver que tal. La pérdida es pequeña porque es una peliculita dirigida por A.D. Calvo que se estrenó directamente en televisión y no es muy larga.

La nueva camarera que llega al pueblo a trabajar.

Argumento

Josh (Brendan Fehr) trabaja en una cafetería de un pueblo junto a las vías del ferrocarril. La cafetería en sí misma esta instalada en un antiguo coche de un tren de cercanías o de metro. La vida de Josh está marcada por la muerte de su novia Emily diez años atrás cuando el coche en el que viajaban fue arrollado por un tren. En su entorno está también la dueña de la cafetería, Ann (Stephnie Weir) y su hija Marcy (Beatrice Rosen) que viven condicionadas por tener al hermano de Ann en estado vegetativo desde hace tiempo. Una de las enfermeras que cuida al enfermo es  Lucinda (Natassia Malthe), que mantiene una relación sentimental con Marcy. En estas estamos, cuando al pueblo regresa Rusty (Chad Lindberg), un antiguo amigo de Josh para una reunión del instituto. Simultáneamente, llega Amelia (Tania Raymonde), una joven camarera que viene para trabajar en la cafetería en el momento de su reapertura al público. Todo ello despertará viejos fantasmas en Josh. Por decirlo de alguna manera.

Las dos chicas monísimas que son algo más que amigas.

Interés ferroviario

Como ya he comentado, la acción transcurre junto a la vía del tren. Una línea de caracter secundario, en Nueva Inglaterra, por la que vemos en segundo plano circular tanto pequeños trenes de mercancías (pequeños para lo que es Estados Unidos, donde en las líneas principales pueden alcanzar longitudes y tonelajes considerables), así como algún commuter, o sea tren de cercanías de la zona. La propia cafetería ,de la que no he podido obtener ninguna imagen exterior, está en lo que probablemente es un viejo coche de los trenes de cercanías de la línea, en un vistoso color rojo.

El paso a nivel donde sucedió la tragedia.

Interés cinematográfico

Escaso, la verdad. A la película, que transcurre cansinamente a pesar de su corta duración, se le ve pronto el plumero, y sabemos «un sexto sentido» nos dice que está aprovechando el ya antiguo filón que inauguró cierta películas donde «en ocasiones, veían muertos». Y lamento destripar el asunto, pero como no se la recomiendo a nadie pues da lo mismo. Además no sabemos muy bien a qué juega, puesto que mezcla las melancolías del protagonista, con un par de escenas con las dos chicas amantes, que son y están muy guapas, que parece que pretendan «calentar» al personal, y que no están muy justificadas. Bueno. Da igual. Una película que no da mucho de sí, y que es totalmente prescindible. Todo lo mas le pongo 1 estrella: *.

Josh, trabajando en el interior del «coche» cafetería.

Pánico en el Transiberiano (1972)

Horror Express

Llego hasta este filme al hacer un barrido por la programación de cine a través del satélite. Cuando lo programo, ni siquiera soy consciente de en qué canal lo hechan. Sólo me fijo en su temática ferroviaria, para mi colección del ferrocarril en la historia del cine. La sorpresa me la llevo cuando comienzo a verla. Un producto anglo-español que se emite por el canal dedicado al cine patrio, que mezcla un reparto de cierto empaque internacional con alguna figura nacional. Todo ello dirigido por el español Eugenio Martín.

El trío protagonista, pasando “mucho miedo”; especialmente la starlette española, una joven Silvia Tortosa.

Argumento

Estamos en 1908. Un científico, el doctor Saxton (Christopher Lee), encuentra en la estepa de Manchuria una antiguo “fósil” de un homínido que se lleva para someterlo a estudio en Inglaterra. Para ello, tomará el Transiberiano en Pekín, donde se encontrará con otro científico, el doctor Wells (Peter Cushing), también británico de vuelta a Europa, con una condesa polaca, Irina Petrovski (Silvia Tortosa), que viaja entre otros con un extraños monje “tipo rasputín”, el padre Pujardov (Alberto de Mendoza),… y bueno ya puestos a mezclar, un extraño señor de la guerra cosaco, el capitán Kazan (Telly Savalas), abordará el tren en un momento dado. Porque bueno, a todo esto, misteriosas muertes han empezado a producirse, relacionadas aparentemente con la caja que transporta el misterioso fósil.

Silvia Tortosa, la guapa del tinglado, en un lujoso coche particular en plan condesa polaca.

Interés ferroviario

Claro está, si vamos montados en un tren toda la película, el interés ferroviario es evidente. Pero que nadie se ilusione con una reproducción de los vehículos y los paisajes del Transiberiano a principios del siglo XX. La película está rodada en España y los que sale son trenes españoles. Básicamente, tenemos unas escenas iniciales, en lo que se supone que es la estación de Pekín, pero que con toda probabilidad se trata de la estación madrileña de Príncipe Pío, en su estado a principios de los setenta. Vemos un tren tirado por una locomotora de vapor que mientras la visualicé me entraron dudas de si se trataba una 141 “Mikado” o una 240 “Mastodonte”. En estos momentos, me inclino tras haber extraído algunos fotogramas, por la 141. Un modelo realmente muy frecuente y abundante al final del vapor en España. El resto del tren son coches y furgones de madera, cuyo origen no puedo precisar. Más adelante durante la película, encontramos algunas otras escenas que creo mezclan trenes reales con maquetas. Y ahí, no puedo descartar que algunas de las locomotoras que se ven no sean del tipo 240.

Una 141 “Mikado” obligada a pasar por una locomotora rusa, en lo que creo que es la estación de Príncipe Pío en Madrid, travestida como estación pekinesa.

Interés cinematográfico

Leo con sorpresa que la película alcanzó cierto estatus en los años ochenta entre los aficionados al cine de horror, por su frecuente emisión televisiva. Aunque fechada en 1972, la fecha de estreno en España data de 1975. Desconozco el motivo del retraso. Lo cierto es que la película, a pesar de lo llamativo del reparto, es cutre-casposa con ganas. Sin ningún rigor histórico, ferroviario o científico, con abundancia de anacronismos en todas las áreas, y con un montón de tópicos ridículos, se conforma como una película de bajo presupuesto y sin mayor interés en estos momentos. Salvo el que me ha atraído a mí, el tema ferroviario.

Por supuesto, siempre te puedes acerar a estas películas con ganas de echar unas risas. El ridículo monje a lo “rasputín”, los no menos ridículos cosacos, la estúpida cháchara seudocientífica, la Silvia Tortosa en plan condesa polaca, la repetición de las mismas escenas cuando sacan el tren en vistas exteriores una y otra vez… Todo lleva a un cachondeo absoluto, impidiendo que nadie con dos dedos de frente se pueda tomar en serio este producto.

Uno de los personajes más delirantes es el monje misterioso que acompaña a la condesa polaca, a modo de “rasputín” de segunda clase.

Así pues sin duda una película que hay que evitar salvo casos como el mío que se acerca por el interés temático, aunque sólo es soportable por su corta duración. Le otorgo 1 estrella: *.

Eso sí, quiero aprovechar este espacio para criticar que un canal dedicado a la promoción del cine español se dedique a este tipo de película que lo único que hacen es desprestigiarlo.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

La invención de Hugo (2011)

Hugo

Si tenemos en cuenta que este encantador cuento de Scorsese tiene como localización principal la estación de Montparnasse en París, la antigua bonita, no la actual fea, creo que no hace falta muchas más excusas para incluirla en mi colección de películas en las historia del ferrocarril. Aunque su principal elemento temático sea un homenaje al cine como “nos gustaba” que fuese.

Vista idealizada de la estación de Montparnasse a principio de los años 30, tal y como nos la presenta la película de Scorsese.

Argumento

Nos encontramos en algún momento del período de entreguerras en París, probablemente a principio de los años 30, y el escenario principal de la acción es la imponente estación de Montparnasse, donde continuamente entran y salen los trenes con sus locomotoras de vapor, la gente va y viene y la vida bulle en sus andenes, en sus cafés, en sus tiendas. Y allí, entre pasadizos ocultos a la vista del público vive Hugo (Asa Butterfield), un huérfano que cuida de los delicados mecanismos de los relojes de la estación. Su padre (Jude Law), relojero y conservador de un museo, murió cuando este se incendió, no sin antes haber recogido de sus almacenes un autómata mecánico con intención de repararlo. El niño fue recogido por su tío Claude (Ray Winstone), un borracho que le enseñó a cuidar los relojes de la estación y luego lo abandonó. Hugo obtiene su alimento de los hurtos que realiza en las tiendas de la estación, y las piezas que necesita de la pequeña tienda de reparación de relojes de Papa George (Ben Kingsley) un viejo gruñón, que lo atrapa y le roba la libreta de su padre que le sirve de guía para reparar al autómata. Con la ayuda de Isabelle (Chloë Grace Moretz), la ahijada de Papa George, también huérfana, una ávida lectora de su edad deseosa de correr aventuras, intentarán recuperar la libreta y reparar el autómata. También tendrán que sortear la persecución del amargado inspector Gustave (Sacha Baron Cohen), policía de la estación, dañado físicamente durante la guerra mundial, y enamorado secretamente de la simpática florista de la estación, Lisette (Emily Mortimer). La historia tomará nuevos rumbos cuando descubran que Papa George es George Méliès, uno de los principales precursores del cinematografo como fabrica de narraciones y de sueños, ahora caído en el olvido, y que junto su esposa Mama Jeanne (Helen McCrory) acogió a Isabelle como a su propia hija cuando sus padre murieron.

Hugo e Isabelle se conocen y comienzan su aventura entre las tiendas y los andenes de la estación de Montparnassa, bajo la mirada de sospecha del inspector Gustave.

Interés ferroviario

Como ya he mencionado en un par de ocasiones, la película transcurre en su mayor parte en la estación de Montparnasse. La antigua estación de Montparnasse se encontraba situada donde hoy podemos ver la mole de la torre de Montparnasse. La nueva está muy próxima a esta localización. No queda nada del aspecto de la antigua, que sufrió sucesivas reformas y ampliaciones. Originariamente fue la estación de los Chemins de fer de l’Ouest, sirviendo especialmente a la región de Bretaña. No era la única estación de esta compañía en París, ya que también tenía entre las importantes la de Saint-Lazare, importante en otra película de la colección. La época de la película es principios de los años 30, y vemos una estación animada, cosmopolita, con tiendas de todo tipo, y con andenes repletos de bellos expresos formados por locomotoras de vapor y bonitos coches pullman o similares. Hay que considerar que la imagen que se nos da de la estación está muy idealizada sobre lo que podía ser su aspecto real. Muy cuidada, muy luminosa.

Papa George, que luego resultará ser George Méliès, enseña a Hugo un juego de manos. Realmente, tras abandonar el mundo del cine, Méliès trabajó en la juguetería de la que fue su mujer en la estación de Montparnasse.

Como curiosidad, en una escena de la película se reproduce un famoso accidente, el del expreso entre Granville y París, cuya locomotora atravesó la fachada principal de la estación de forma muy espectacular. Las fotografías alcanzaron fama y se venden mucho como carteles decorativos. Sin embargo, es un anacronismo con respecto a la época de la película ya que el accidente sucedió más de 30 años antes, a finales del siglo XIX.

Famosa fotografía de la locomotora del tren de Granville atravesando la fachada de la estación de Montparnasse.

Interés cinematográfico

La película, aunque tiene defectos notorios de guion, lo cierto es que es muy bonita de ver. Es un homenaje al cine de antaño, al cine de aventura, al que se ha llamado la fábrica de sueños, a través de la figura de George Méliès, que es reivindicado como uno de los auténticos pioneros del cine espectáculo, en el buen sentido de la palabra. Si bien aparece como un cuento de protagonistas infantiles, todo es una excusa argumental para que Scorsese nos muestre cómo empezó todo, nos enseñe cómo hacían las cosas los Méliès, los Harold Lloyd, los Buster Keaton, etcétera, intercalando escenas de las películas de aquellos pioneros. A mí consiguió emocionarme en algunos momentos, y es una de mis favoritas del año 2011.

En uno de los muchos homenajes cinéfilos de la película, Hugo se cuelga de la saeta del reloj de la estación como hizo en su momento el incombustible Harold Lloyd.

Así pues sin duda una película que conviene ver, a la que le otorgo 4 estrellas: ****.

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Tomates verdes fritos (1991)

Fried Green Tomatoes

Me resulta relativamente extraño que esta película dirigida por Jon Avnet no haya aparecido antes en mi lista de películas sobre el ferrocarril en la historia del cine. Porque indudablemente el ferrocarril tiene un papel esencial en las vidas de las protagonistas de este drama optimista, con tonos de comedia, basado en la novela título similiar, Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Cafe, de Fannie Flagg. Así que os paso a comentar esta interesante película.

Evelyn (Bates) y Ninny (Tandy) forjarán su amistad en la madurez, a través de la cual conoceremos el conjunto de la historia, y asistiremos a la trasformación de la mojigata e insatisfecha Evelyn.

Argumento

La película transcurre en dos momentos temporales. Por un lado, en los tiempos modernos, nos encontramos a Evelyn Couch (Kathy Bates), una infeliz ama de casa que junto con su marido Ed (Gailard Sartain) acude a una residencia a visitar periódicamente a una pariente. Allí conoce a una encantadora anciana Ninny (Jessica Tandy) con quien hace amistad y que le irá contando las historias de su juventud en el ahora abandonada población de Whistle Stop. Lo de stop viene por que el lugar se encuentra junto a la vía ferrea por la que pasaban abundantes trenes que eventualmente hacían parada en el lugar. En aquel lugar, en tiempos de la gran recesión de los años 30, vivía Idgie (Mary Stuart Masterson), una animosa y aventurera adolescente, que vivía feliz hasta que su hermano Buddy (Chris O’Donnell) a quien idolatraba es arrollado por un tren y muerto, lo cual hace que se retraiga del mundo y de las interacciones sociales. Esto es así hasta que Ruth (Mary-Louise Parker) la que fue novia de Buddy interviene y ambas forjan una gran amistad. Amistad que se ve en peligro cuando Ruth se casa con Frank Bennett (Nick Searcy) quien la maltratará. Huirá de él, y junto con Idgie regentará un café restaurante cuyas especialidades serán los tomates verdes fritos y las excelentes barbacoas. Pero Frank no dejará de ser una amenaza para las chicas, hasta que un día desaparecerá.

Idgie (Masterson) y Ruth (Parker) vivirán una historia de amistad en la película, aunque detrás de la cual siempre sospechemos que hay algo más que amistad, como queda más explícito, por lo que sé, en la novela de origen.

Interés ferroviario

Como ya hemos comentado, buena parte de la acción, en flashback, se desarrolla en una región rural, en Alabama, en el profundo sur. Un lugar peligroso para las mujeres con ansia de independencia y para las personas con la piel negra. Y allí asistimos al paso de los larguísimos trenes de mercancías que tradicionalmente han atravesado en el siglo XX los Estados Unidos. Durante la depresión, muchos de los vagones de estos trenes eran utilizados por las personas afectadas por el paro y la pobreza para desplazarse como polizontes de un lado a otro del país. En condiciones precarias, sin servicios higiénicos, sin agua ni comida, con el riesgo de ser cogidos por las fuerzas del orden o por los encargados del ferrocarril. Y en ese caso, en el mejor de los casos encarcelados, pero en muchas ocasiones simplemente apaleados. Asistiremos como algunas personas caritativas, en los lugares donde los trenes disminuían su velocidad, les suministraban comida y ropa. Un fenómeno que se ha visto en distintas películas.

Una de las escenas clave del filme, el momento en el que Buddy (O’Donnell) es arrollado por el tren, al quedar su pie atascado entre los raíles del ferrocarril. Y tenemos una bella imagen de cómo eran las líneas ferroviarias de antaño.

Interés cinematográfico

La película supuso una más que agradable sorpresa en aquel año 91. Recuerdo que fui a verla con un grupo de amigos, sin que tuviese referencias de la misma, ni buenas ni malas. Y que con ese título, no me atraía demasiado. Pero fue estupendo. Una ambientación magnífica en el profundo sur, unos personajes entrañables, un melodrama de los de siempre pero salpicado aquí y allí con tonos de humor, y excelentes interpretaciones, las de los personajes más jóvenes a cargo de intérpretes entonces muy poco conocidos, aunque hoy en día se han hecho mucho más populares. Es cierto que la película al parecer suaviza algunos de los temas peliagudos de la novela. En esta la relación entre las dos jóvenes protagonistas es de franco amor romántico, homosexual. Sin embargo, para muchos espectadores, la relación en el filme no pasa de ser una amistad cementada por el amor común al joven arrollado por el tren. En cualquier caso, una película altamente recomendable, a la que le tengo un especial cariño, y que no entiendo porque no había aparecido antes en esta colección.

Podemos reconocer en esta joven y llorosa Mary-Louise Parker a la cínica traficante de “maría” que la encumbraría 25 años más tarde como actriz televisiva. Sí, en gran medida por el excelente aspecto de la actriz a sus cuarenta y pico años.

Así pues sin duda una excelente película, a la que le otorgo 4 estrellas: ****.

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La bestia humana (1938)

La bête humaine

Si alguna película tenía que entrar en algún momento en mi listado de filmes sobre el ferrocarril en la historia del cine, sin duda alguna tenía que ser esta de Jean Renoir. Adaptación de la novela del mismo título de Émile Zola, perteneciente a su larga saga de novelas sobre los Rougon-Macquart, aunque trasladado el ambiente a la Francia de los años treinta del siglo XX en lugar de la de finales del XIX, toda la acción sucede alrededor del ferrocarril y entre personas que trabajan por y para el ferrocarril. Si apasionante es por la variedad de pasiones humanas que desarrolla, apasionante será también para el aficionado al ferrocarril, por su espléndido retrato de la vida de los «cheminots» galos en los periodos previos a la segunda guerra mundial. Así como por varios hechos de trascendencia en la historia de los ferrocarriles franceses.

Fotograma de la secuencia inicial en la que vemos el cruce entre dos trenes con la cámara situándose en la posición subjetiva del maquinista. Esta es la imagen que tenían estos trabajadores cuando miraban la vía, pero con la carbonilla de la caldera acumulándose en las gafas protectoras. Un duro trabajo.

Sinopsis

La historia nos habla de los turbulentos amores de Jacques Lantier (Jean Gabin) y Séverine Roubaud (Simone Simon) en la Francia de los años 30 del siglo pasado.

Lantier es el maquinista de La Lison, una locomotora para trenes de pasajeros rápidos que hace el trayecto entre Paris-Saint Lazare y Le Havre. Es un trabajador dedicado y respetado por sus compañeros, pero carga sobre sus hombros la carga hereditaria de una familia de locura y violencia, y en algunas ocasiones ha agredido a mujeres con instintos homicidas, como le sucede con su prima Flore (Blanchette Brunoy) por la que se siente atraído sexualmente, pero a la que agrede cuando están a punto de mantener relaciones sexuales. Por ese motivo, se aleja de las mujeres, y sublima sus deseos en su dedicación al buen funcionamiento de su locomotora.

Lantier y su fiel fogonero se empiezan a relajar a su llegada a la estación de Le Havre, cansados y tiznados de carbonilla.

Séverine es una mujer todavía joven y muy guapa, que siendo hija de una sirvienta se crio bajo el patrocinio del rico Granmorin (Jacques Berlioz) que la apadrinó, y le buscó matrimonio con Roubaud (Fernand Ledoux), hombre mayor que ella y al que Granmorin promovió al cargo de subjefe de estación en Le Havre. Pero Roubaud sospecha que hay algo extraño en el pasado de su mujer, y finalmente ésta le confiesa que Granmorin la violó repetidas veces cuando fue una niña o adolescente. Esto produce la desesperación de Roubaud y ambos deciden vengarse del potentado, matándolo en un viaje entre París y Le Havre. Cuando eso sucede, Lantier se encuentra en el mismo tren de regreso de visitar a su madrina, y los ve por el corredor del coche del tren, comprendiendo más tarde, durante la investigación del asesinato, que sólo ellos han podido ser los causantes del crimen.

Sin embargo, calla lo que sabe, las culpas recaen sobre un pobre fogonero, y los Roubaud, agradecidos le ofrecen su amistad. Sin embargo, las cosas no van a ser tan sencillas. Roubaud atacado por la culpa cae en el juego y en la bebida, mientras que Lantier y Séverine inician una relación amorosa que evoluciona hasta el momento que deciden que tienen que matar a Roubaud para ser libres de proseguir su vida juntos.

Pero, esto es una novela de Zola y las cosas no serán tan fáciles.

Lantier hace las presentaciones. A su nuevo amor humano, Séverine, le presenta su gran amor mecánico, la Lison, una rápida y poderosa 231 "Pacific".

Interés ferroviario

Toda la película en su conjunto es un fresco de la vida ferroviaria en la Francia de anteguerra. La película está rodada en 1938, año que supuso la creación en el país vecino de la Société Nationale des Chemins de Fer Français (SNCF), con participación mayoritaria del estado francés, y cuya misión principal era la de ofrecer servicios básicos a la población con la subvención del estado. Las antiguas compañías privadas mantenían participaciones en la nueva sociedad.

No obstante, la línea ferroviaria en la que se desarrolla la acción de la película ya pertenecía al estado francés. En la mayoría de los coches de pasajeros que aparecen en la película, el rótulo de la compañía es ÉTAT, pero en algunos de ellos se pueden leer ya las nuevas siglas SNCF. Es por lo tanto un periodo de transición que se rompería por la llegada de la guerra, que supuso un grave quebranto en los ferrocarriles franceses.

La Lison, la protagonista ferroviaria de la película, es una poderosa locomotora de tipo Pacific (231), locomotoras que se impusieron en buena parte de Europa como las más adecuadas para trenes rápidos de pasajeros, cuando la orografía del terreno no era muy complicada. La que aparecen en la película está matriculada como 231-592, y supongo que el sobrenombre le viene de la población francesa de la Baja Normandía que era servida por los ferrocarriles del estado francés.

La Lison, "interpretada" por la 231-592 de l'État, reposa en el depósito de Le Havre.

En la película aparecen numerosos detalles de la vida ferroviaria, y es especialmente interesante observar cómo se manejan el maquinista y el fogonero en la locomotora durante el viaje en las maravillosas escenas del principio de la película. Nos ofrece también vistas de la estación e instalaciones ferroviarias de Le Havre, así como de la estación de Saint-Lazare en París. Eventualmente se aprecian otros vehículos ferroviarios, entre los que destacan diversas locomotoras de vapor, algún automotor suelto por ahí, y especialmente entre estos, hacia el final de la película tenemos un plano en el que mientras el tren expreso se aleja, en una vía contigua tenemos un automotor Bugatti, uno de los primeros automotores rápidos que se utilizaron con éxito en servicio comercial y que tiene un diseño muy característico. Yo pude admirar uno de ellos en la Cité du Train en Mulhouse.

En fin. Que para los amantes del ferrocarril, la película es una delicia y obligatoria

La tragedia ya ha sucedido, y Lantier parte conduciendo la Lison y su tren de pasajeros de la estación de Le Havre con destino París; en la vía adyacente, un moderno Bugatti espera su turno para prestar servicio.

Interés cinematográfico

La película tiene también notables bondades cinematográficamente hablando. En primer lugar, por ser una buena adaptación de una novela de Zola en la que se pega un buen repaso a los aspectos más oscuros del ser humano. Evidentemente, no se puede profundizar en 90 minutos de película en los aspectos más tenebrosos del personaje de Lantier, ese personaje magníficamente interpretado por Gavin, que tras su aspecto de buena persona, de trabajador responsable, esconde los impulsos que justifican el título de la novela y del filme. Él es la bestia humana. O lo que tiene dentro de sí representa a la bestia humana que todos podemos llevar dentro.

El matrimonio Roubaud se dirige a París para visitar al potentado Granmorin. El tren en el que viajan cumplirá trayecto en la estación de Saint-Lazare, donde llegan y de donde salen los trenes que comunican la capital francesa con Normandía y Bretaña.

Siendo como fue un encargo del actor principal, que deseaba protagonizar a un ferroviario, quizá no tenga las virtudes que podemos ver en otras obras del director. Este acababa de dirigir una de sus obras más celebradas, La Gran Ilusión, también con Gavin, y este filme no está a la misma altura. Técnicamente, irreprochable para la época, la secuencia inicial en el que vemos los esfuerzos de maquinista y fogonero en la cabina de conducción de la Pacific, me parece absolutamente antológica. Y el director sabe imprimir el carácter adecuado a una historia que no deja de ser tremenda. Homicidios, pedofilia, instintos violentos,… Todo lleva a un final necesariamente trágico, perfectamente encaminado por la mano del director.

Las interpretaciones son de primer nivel en todos los personajes, destacando desde luego al trío protagonista. Simone Simon interpreta perfectamente a la mujer fatal por excelencia, la que con su tormentoso pasado y atormentado presente producirá el desencadenante para que lo peor de los hombres que la rodean salga a flote.

En fin, que está dentro de las películas más que recomendables, y yo le pongo 4 estrellas: ****.

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La deuda (2011)

The Debt

La nueva versión que de una película israelí de hace unos años se ha realizado para su cómoda digestión por el mundo occidental presenta una trama de espionaje que transcurre en buena parte del metraje del filme en el Berlín oriental de los años 60, en lo más caliente de la guerra fría. Y nos muestra un fenómeno que se dio en aquel momento, el de las estaciones fantasmas del metro y los trenes de cercanías berlineses, aunque de una forma más bien poco rigurosa. En cualquier caso, le daremos un repaso.

Rachel (Jessica Chastain) entra en Berlín oriental por uno de los puntos de control, convenientemente camuflada como una alemana de origen húngaro que vivió un tiempo en Argentina.

Sinopsis

Estamos en Israel, en 1997, y la hija de Rachel (Helen Mirren/Jessica Chastain), una antigua agente del Mossad, presenta un libro que cuenta la historia de su madre, su padre Stephan(Tom Wilkinson/Marton Csokas) y un tercer agente israelí, cuando acabaron con un criminal médico nazi (Jesper Christensen) en el Berlín oriental de la guerra fría en los años 60. Al mismo tiempo, el tercer agente, David (Ciarán Hinds/Sam Worthington), tras años desaparecido por el mundo, vuelve a Israel con una noticia que turbará las vidas de Rachel y Stephan. Esto provocará en Rachel los recuerdos de cómo fue realmente aquella operación y cuáles fueron sus consecuencias para sus vidas.

No falta en la película el inefable triángulo amoroso; David (Sam Worthington) expresa sus sentimientos por Rachel en su escondite berlinés.

Pero la cosa no terminará aquí, porque 30 años después de que Rachel abandone el servicio activo, el pasado les saldrá al encuentro de nuevo, y tendrán que retomar la tarea con las cosas que dejaron pendientes en aquellas semanas en Berlín.

De lo mejor en la película es el malvado doctor nazi, manipulador y sin escrúpulos hasta el final.

Interés ferroviario

Se denomina estación fantasma en el argot ferroviario a aquellas estaciones de ferrocarril que estando junto a una línea en activo se encuentran en desuso, no admitiendo actividad alguna de pasajeros o mercancía, ni la parada habitual de los trenes que la atraviesan. En la mayor parte de las líneas ferroviarias, las estaciones fantasma están ahí por la conveniencia del operador ferroviario que no las considera necesarias, útiles o rentables. En el imaginario popular, se asocian predominantemente a las estaciones en desuso de los ferrocarriles metropolitanos (metros), vestigios de líneas pasadas que en ocasiones se entrevén en la oscuridad desde los trenes que las atraviesan.

Pero durante la guerra fría, se dio un caso especial de estaciones fantasma. Se trataba de aquellas estaciones situadas en el Berlín oriental pero que eran atravesadas por las líneas de metro (U-bahn) o cercanías (S-bahn) que daban servicio a los sectores occidentales de la actual capital alemana. Fuertemente vigiladas, no permitían la parada habitual de los trenes, ni que los viajeros montasen o se apeasen de los mismos. Algunas estaban muy céntricas, como por ejemplo, Unter den Linden. También hubo estaciones con circulación restringida en determinadas zonas para los ciudadanos de las distintas zonas, como pudo ser Friedrichstrasse, o inaccesibles para los orientales y accesibles para los occidentales, como pudo ser Wollankstrasse.

En la trama de la película, los agentes del Mossad pretenden secuestrar al antiguo médico nazi, y mediante una parada no programada de un tren en una estación fantasma, aprovechar para subir el prisionero al tren, burlando la vigilancia, y escapar de este modo al Berlín occidental donde les esperaría un avión en Tempelhof para llevarles a Israel. La cosa está bien pensada, y funciona argumentalmente, lo reconozco. Pero sin embargo, no es precisa históricamente hablando. Las estaciones fantasma del Berlín oriental eran subterráneas, por lo que su acceso, muy vigilado, era más que complicado. Así como la capacidad de maniobrar en ellas. También hubo alguna elevada, que tampoco hubiera facilitado las cosas. Friedrichstrasse, que era de uso mixto, está elevada. Y la elegida para la película, Wollankstrasse, presenta unas características muy distintas a las descritas en la película. Accesible sin mayor problema desde el lado occidental, un muro impedía el acceso por el oriental. Por lo demás estaba en uso.

Los dos agentes del Mossad aprovechan el paso de los trenes por la supuesta estación de Wollankstrasse para abrir un agujero en la verja sin ser vistos u oídos por los guardias de la DDR.

Las localizaciones de la película para el rodaje de las escenas que representan al viejo Berlín orientales se encuentran en Budapest, y evidentemente los trenes que aparecen en las escenas ferroviarias no se parecen ni por asomo a los S-bahn que podríamos esperar en el auténtico Berlín, tratándose de composiciones propias de los ferrocarriles húngaros.

Interés cinematográfico

Película entretenida pese a sus «errores ferroviarios». Basada sobretodo en el trabajo de los actores y actrices que interpretan en los distintos momentos del tiempo a los personajes protagonistas, es una buena opción para pasar una tarde sin mayor problema. Sin embargo, es una película a la que le falta un poco de alma. Me resulta un poco fría, teniendo en cuenta las múltiples emociones puestas en juego. El deseo de venganza, el amor, la pasión, el odio, los recuerdos terribles… no sé. Le falta algo a esas interpretaciones.

Aunque los nombres más notables del reparto corresponden a los intérpretes que dan vida a los personajes en sus edades maduras, como Helen Mirren y Tom Wilkinson en la imagen, el peso de la acción lo llevan los actores más jóvenes.

En fin, que está dentro de las películas razonablemente recomendables, y yo le pongo 3 estrellas: ***.

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