Colorful (2010)

Karafuru (2010)

En los últimos años he tenido la ocasión de comprobar en distintas ocasiones el altísimo nivel que tiene la animación japonesa. Creo que muchos adultos tienen prejuicios hacia la misma por muchas de las series de animación que se emiten en la programaciones infantiles y juveniles de las televisiones. Sin embargo, creo que en el mundo de los largometrajes, hay una gran diversidad de formas, temas y público diana. Como tengo un sobrinillo de tres años, en los últimos tiempos he estado informándome para tener alguna cosa en casa para cuando viene. Y me he encontrado con verdaderas joyas. Con temas mucho más profundos que en la animación occidental, sin dejar de lado la aventura y la fantasía, de la cual tienen para dar y regalar. En su momento, gracias a la programación de Canal+ Xtra pude disfrutar de muchas de las maravillas del Studio Ghibli. Y aun ahora van programando de vez en cuando películas de animación japonesas de otros autores y estudios, que intento ver. Aunque no siempre, me suelen gustar. El caso es que la que hoy nos ocupa tiene un episodio en la misma que es clave en el desarrollo de la trama, y que tiene que ver con un antiguo tranvía de la ciudad de Tokio. Un tamaden, un tren-gato ya desaparecido.

Tokomo en su casa, con su madre y su hermano, con quienes mantiene una muy difícil convivencia.

Sinopsis

Dirigido el filme por Keiichi Hara, cuando comenzamos la acción, nos encontramos en la estación de tránsito donde las almas de las personas fallecidas son redirigidas. En la mitología de la película, se dirigen a nuevas encarnaciones, a nuevas existencias. Sin embargo, hay una a la que un ser de carácter presuntamente angélico, Purapura, aunque no lo sabemos con seguridad, le anuncia que dado el grave pecado que ha cometido antes de morir no se admitirá que vuelva a tener una nueva existencia. No sin antes darle un tiempo para redimir ese pecado. Para ello, ocupará el cuerpo de un muchacho de 14 años, Tomoko, que ha cometido suicidio. Durante el período de prueba, deberá reflexionar sobre su pecado, pero también sobre las circunstancias que llevaron a Tomoko, un chico solitario, inadaptado a la sociedad escolar, inmerso en un familia con problemas.

Tokomo pasea con Saotome por lo que fue la antigua línea del tranvía de Kinuta, y en la que forjan una amistad que será definitiva para el destino del chico.

El regreso será poco optimista. Descubrirá que poco antes de suicidarse, Tomoko descubrió que una de sus compañeras de clase, Hiroka, de quien está secretamente enamorado se prostituye con adultos. Y un día que la siguió a un love hotel, descubrió saliendo del mismo a su propia madre con un amante. Así que las cosas no pintan bien. Sus únicos enganches al mundo pueden ser Shoko, una compañera de clase también mal adaptada, Saotome, un compañero alegre y que va de catástrofe en los estudios con quien pasará una tarde recorriendo la antigua línea de un tamaden, y su padre, un hombre que con un aura de melancolía, mantiene un tono optimista a pesar de todo ante la vida.

La prostitución de niñas de catorce o quince años inducida por el impulso consumista, fenómeno que es parece que es frecuente en Japón, es uno de los temas más complicados de esta valiente película.

Interés ferroviario

Como ya he comentado, en un momento importante de la película, Tomoko se encuentra con Saotome en la estación de tren de Futako-tamagawa. Y este le invita a acompañarle. Va a recorrer la antigua línea secundaria de tamaden, que unía esta estación con la de Kinuta Honmura, y que desapareció en 1969. Un tamaden era, o es donde exista, un tranvía. Etimológicamente, tama-den significaría tren-gato (tama sería gato). Y el motivo es que los frontales de los tranvías, con la librea de pintura que llevaban, tendrían el aspecto de un hocico estilizado de un felino. He de decir que los antiguos tranvías de la línea 11 de Zaragoza que tantas veces utilicé en mi infancia, también tenían un esquema de pintura que les daba este aspecto gatuno.

Imagen actual con la persiana de un comercio decorada con una unidad de la antigua línea de Kinuta.

Cartel conmemorativo del centésimo aniversario del “tamaden” que abarcaba más líneas que la secundaria de Kinuta que nos describen en la película.

Las fotografías anteriores están cogidas de Flickr donde son puestas a disposición por el usuario Nemo’s great uncle bajo licencia Creative Commons 2.0.

En cualquier caso, este pasaje de la película me parece de gran belleza. Por un lado está el diálogo entre los dos adolescentes, que va progresando para cimentar su amistad. Por otro lado, filmada con imágenes que combinan la animación, la fotografía fija en blanco y negro, y los fondos fotografiados en color de la situación actual de lo que era el entorno de la línea del tranvía, nos va dando idea de como era esta pequeña línea de unos tres kilómetros de longitud. Y cómo se han mantenido elementos de mobiliario urbano que recuerdan el paso de aquella línea de tranvía por esas calles. Qué envidia, la capacidad para recordar y homenajear los elementos de la ciudad que dieron buen servicio a los ciudadanos.

Esta fotografía corresponde a una unidad de la línea 11 del tranvía de Zaragoza que se encuentra preservada en el Museo del Ferrocarril de Azpeitia, y que tomé yo mismo en el año 2000. Como veis, el frontal tiene un esquema de pintura que le da una aspecto gatuno.

Interés cinematográfico

Para tener un aspecto de película de animación para adolescentes, me he quedado impresionado por la profundidad de los temas que trata. Como principal, el suicidio de los adolescentes y los jóvenes, desencantados e incapaces de afrontar la vida tan pronto. También tenemos el problema de la comunicación en la familia, personas que comparten techo y genes, pero que llegan a convertirse en extraños. Por otro lado, la dureza del ambiente escolar, en el que se puede arruinar la vida de un niño o adolescente al quedar marginado de todos sus compañeros. Especialmente duro, el problema de la prostitución de niñas adolescentes, a quienes la necesidad impuesta de tener y vestir cosas bonitas, les lleva a tener “amigos mayores” que les pagan estas cosas. “Total, son tres veces al mes; con eso me vale”. Dura frase en boca de un personaje que representa a una adolescente de catorce años.

En su segunda oportunidad, Tokomo es guiado por un ente sobrenatural, a veces angélico a veces diablillo, Purapura, de quien se despide al final del largometraje en la terraza de la escuela.

Todo ello hilado en una película con un guion excelente, que ha pesar de su duración larga para una película de animación, un poquito más de dos horas, no se hace larga en absoluto. Y luego están las señas de identidad de la animación japonesa, con un dibujo de trazo muy limpios, con personajes dibujados con un aspecto bidimensional pero sobre un fondo, un decorado, que puede llegar a ser muy realista y tridimensional, con un efecto estupendo.

Desde luego, es una película que me ha gustado mucho, y que no dudo en recomendar. Le pongo 4 estrellas: ****.

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