La invención de Hugo (2011)

Hugo

Si tenemos en cuenta que este encantador cuento de Scorsese tiene como localización principal la estación de Montparnasse en París, la antigua bonita, no la actual fea, creo que no hace falta muchas más excusas para incluirla en mi colección de películas en las historia del ferrocarril. Aunque su principal elemento temático sea un homenaje al cine como “nos gustaba” que fuese.

Vista idealizada de la estación de Montparnasse a principio de los años 30, tal y como nos la presenta la película de Scorsese.

Argumento

Nos encontramos en algún momento del período de entreguerras en París, probablemente a principio de los años 30, y el escenario principal de la acción es la imponente estación de Montparnasse, donde continuamente entran y salen los trenes con sus locomotoras de vapor, la gente va y viene y la vida bulle en sus andenes, en sus cafés, en sus tiendas. Y allí, entre pasadizos ocultos a la vista del público vive Hugo (Asa Butterfield), un huérfano que cuida de los delicados mecanismos de los relojes de la estación. Su padre (Jude Law), relojero y conservador de un museo, murió cuando este se incendió, no sin antes haber recogido de sus almacenes un autómata mecánico con intención de repararlo. El niño fue recogido por su tío Claude (Ray Winstone), un borracho que le enseñó a cuidar los relojes de la estación y luego lo abandonó. Hugo obtiene su alimento de los hurtos que realiza en las tiendas de la estación, y las piezas que necesita de la pequeña tienda de reparación de relojes de Papa George (Ben Kingsley) un viejo gruñón, que lo atrapa y le roba la libreta de su padre que le sirve de guía para reparar al autómata. Con la ayuda de Isabelle (Chloë Grace Moretz), la ahijada de Papa George, también huérfana, una ávida lectora de su edad deseosa de correr aventuras, intentarán recuperar la libreta y reparar el autómata. También tendrán que sortear la persecución del amargado inspector Gustave (Sacha Baron Cohen), policía de la estación, dañado físicamente durante la guerra mundial, y enamorado secretamente de la simpática florista de la estación, Lisette (Emily Mortimer). La historia tomará nuevos rumbos cuando descubran que Papa George es George Méliès, uno de los principales precursores del cinematografo como fabrica de narraciones y de sueños, ahora caído en el olvido, y que junto su esposa Mama Jeanne (Helen McCrory) acogió a Isabelle como a su propia hija cuando sus padre murieron.

Hugo e Isabelle se conocen y comienzan su aventura entre las tiendas y los andenes de la estación de Montparnassa, bajo la mirada de sospecha del inspector Gustave.

Interés ferroviario

Como ya he mencionado en un par de ocasiones, la película transcurre en su mayor parte en la estación de Montparnasse. La antigua estación de Montparnasse se encontraba situada donde hoy podemos ver la mole de la torre de Montparnasse. La nueva está muy próxima a esta localización. No queda nada del aspecto de la antigua, que sufrió sucesivas reformas y ampliaciones. Originariamente fue la estación de los Chemins de fer de l’Ouest, sirviendo especialmente a la región de Bretaña. No era la única estación de esta compañía en París, ya que también tenía entre las importantes la de Saint-Lazare, importante en otra película de la colección. La época de la película es principios de los años 30, y vemos una estación animada, cosmopolita, con tiendas de todo tipo, y con andenes repletos de bellos expresos formados por locomotoras de vapor y bonitos coches pullman o similares. Hay que considerar que la imagen que se nos da de la estación está muy idealizada sobre lo que podía ser su aspecto real. Muy cuidada, muy luminosa.

Papa George, que luego resultará ser George Méliès, enseña a Hugo un juego de manos. Realmente, tras abandonar el mundo del cine, Méliès trabajó en la juguetería de la que fue su mujer en la estación de Montparnasse.

Como curiosidad, en una escena de la película se reproduce un famoso accidente, el del expreso entre Granville y París, cuya locomotora atravesó la fachada principal de la estación de forma muy espectacular. Las fotografías alcanzaron fama y se venden mucho como carteles decorativos. Sin embargo, es un anacronismo con respecto a la época de la película ya que el accidente sucedió más de 30 años antes, a finales del siglo XIX.

Famosa fotografía de la locomotora del tren de Granville atravesando la fachada de la estación de Montparnasse.

Interés cinematográfico

La película, aunque tiene defectos notorios de guion, lo cierto es que es muy bonita de ver. Es un homenaje al cine de antaño, al cine de aventura, al que se ha llamado la fábrica de sueños, a través de la figura de George Méliès, que es reivindicado como uno de los auténticos pioneros del cine espectáculo, en el buen sentido de la palabra. Si bien aparece como un cuento de protagonistas infantiles, todo es una excusa argumental para que Scorsese nos muestre cómo empezó todo, nos enseñe cómo hacían las cosas los Méliès, los Harold Lloyd, los Buster Keaton, etcétera, intercalando escenas de las películas de aquellos pioneros. A mí consiguió emocionarme en algunos momentos, y es una de mis favoritas del año 2011.

En uno de los muchos homenajes cinéfilos de la película, Hugo se cuelga de la saeta del reloj de la estación como hizo en su momento el incombustible Harold Lloyd.

Así pues sin duda una película que conviene ver, a la que le otorgo 4 estrellas: ****.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

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